jueves, 18 de julio de 2013

viernes, 19 de abril de 2013

Wanting to Die






Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.

Pero LOS SUICIDAS TIENEN UN LENGUAJE ESPECIAL.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.

De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.

NACIDOS SIN VIDA, NO SIEMPRE MUEREN,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La MUERTE es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,
y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina PRISIÓN.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.

Anne Sexton

lunes, 1 de abril de 2013

Clínica Delgado

La idea empieza con las letras de una cancion alegre two man sound y el verano de 1980, y la ropa de la epoca, el calor los helados y la candidez de un niño que no se ha dado cuenta cuan grave es la muerte, el hospital, el tema de la perdida de la madre y como se lo dijeron de la forma mas cinica, ironica, fria posible, despersonalzada

 El padre en la clinica… los recuerdos, el pajaro que recogieron al salire q cayo de un arbol y q murio al llegar a casa… el poco trafico a comparación de hoy, y al final como una borrachera llega por alli y recuerda todo y se da la vuelta y encuentra todo destruido y camina dando vueltas y por la huaca pucllana.

 El 2007 en verano llega este niño que fue como trabajador a romper y demoler la clinica para dar paso a una nueva ciudad que se lleva sus recuerdos…

 El tio que nos compra una vez el helado donofrio y luego ya no…

La bronca con el padre cuando sin querer golpeas su pie con yeso… y ves por primera vez la cara enojada de tu padre queriendo levantarse para golpearle.

"Hace un buen rato que Elías está parado frente a lo que fue la Clínica Delgado, mira de nuevo por los resquicios del viejo muro blanco, una y otra vez, lo que alguna vez fue un lugar importante en su niñez. Una puerta magullada le confirma que otra vez le han arrancado algo. Sus recuerdos yacen muertos en ese gran agujero en la tierra esperando ser un edificio para una nueva clínica".

 

Diccionario de SILENCIO EN UNA ISLA TROPICAL


No te has fijado en mi siervo Job, tomado del libro fausto pag 472


vahído. (De vaguido). m. Desvanecimiento, turbación breve del sentido por alguna indisposición.

 
El Señor de la Alto tomado de los cuatro libros de Confucio pag 9

 
simiente. (Del lat. sementis). f. semilla.


la cena de los generales dicese de la reunion de los generales victoriosos liderados por Franco luego de la guerra civil española.


sólo la sombra de un viejo le dirige la palabra para mandarle alejarse tomado del Cid Campeador, de mi libro edicion popular Universal pag 16 y 17.


bebióme esta vida y hoy me arrojan a mi morada final tomado de Góngora de alguna parte del libro que tienes

Entonces fazia un poco oscuro et E se aparejó et comenzó a decir sus conjuraciones et a fazer sus carántulas que sabía muy bien fazer tomado del libro que tienes de los Ortodoxos españoles, escrito por Menéndez y Pelayo pag. 390.


Yama dios de los muertos, esta a la cabeza de los antepasados, se dice que fue el primer hombre de la humanidad y también el primer muerto. Su padre fue Vivasvant, el Sol brillante y su morada esta en un lugar remoto del firmamento. Se le asocia a Agni, el dios del fuego, conductor de los muertos. Tomado de la mitología de la India, de un texto del libro Katha Upanishad, de la revista Sphinx, anuario del Instituto de Filología de la UNMSM N| 13 Lima 1960, en la p{ag. 40.


La autoridad de los psiquiatras, ojalá salga el sol,  frases tomadas de Viva la Colifata, de Manu Chao y los pacientes de un manicomio en Buenos Aires, bajado de la web.


Sólo la sombra de un viejo le dirige la palabra para mandarle alejarse Frase tomada del Cid, libro que tienes en las pág. 16 y 17

/ azémilas y cavallos, Frase tomada del Cid, libro que tienes en las pág. 164.


Nocturama espacio de los zoológicos para ver animales nocturnos.


súcubo. (Del lat. *succŭbus, según incŭbus). adj. Dicho de un espíritu, diablo o demonio: Que, según la superstición vulgar, tiene comercio carnal con un varón, bajo la apariencia de mujer.

martes, 19 de febrero de 2013

Un día perfecto para el pez plátano



En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.

       No era una chica a la que una llamada telefónica le produjera gran efecto. Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad.
Mientras sonaba el teléfono, con el pincelito del esmalte se repasó una uña del dedo meñique, acentuando el borde de la lúnula. Tapó el frasco y, poniéndose de pie, abanicó en el aire su mano pintada, la izquierda. Con la mano seca, tomó del alféizar un cenicero repleto y lo llevó hasta la mesita de noche, donde estaba el teléfono. Se sentó en una de las dos camas gemelas ya hecha y—ya era la cuarta o quinta llamada—levantó el auricular del teléfono.

       —Diga—dijo, manten
iendo extendidos los dedos de la mano izquierda lejos de la bata de seda blanca, que era lo único que llevaba puesto, junto con las chinelas: los anillos estaban en el cuarto de baño.
—Su llamada a Nueva York, señora Glass—dijo la operadora.
—Gracias—contestó la chica, e hizo sitio en la mesita de noche para el cenicero.
A través del auricular llegó una voz de mujer:
—¿Muriel? ¿Eres tú?
La chica alejó un poco el auricular del oído.
—Sí, mamá. ¿Cómo estás?—dijo.
—He estado preocupadísima por ti. ¿Por qué no has llamado? ¿Estás bien?
—Traté de telefonear anoche y anteanoche. Los teléfonos aquí han...
—¿Estás bien, Muriel?
La chica separó un poco más el auricular de su oreja.
—Estoy perfectamente. Hace mucho calor. Este es el día más caluroso que ha habido en Florida desde...
—¿Por qué no has llamado antes? He estado tan preocupada...
—Mamá, querida, no me grites. Te oigo perfectamente —dijo la chica—. Anoche te llamé dos veces. Una vez justo después...
—Le dije a tu padre que seguramente llamarías anoche. Pero no, él tenía que... ¿estás bien, Muriel? Dime la verdad.
—Estoy perfectamente. Por favor, no me preguntes siempre lo mismo.
—¿Cuándo llegasteis?
—No sé... el miércoles, de madrugada.
—¿Quién condujo?
—Él—dijo la chica—. Y no te asustes. Condujo bien. Yo misma estaba asombrada.
—¿Condujo él? Muriel, me diste tu palabra de que...
—Mamá—interrumpió la chica—, acabo de decírtelo. Condujo perfectamente. No pasamos de ochenta en todo el trayecto, ésa es la verdad.
—¿No trató de hacer el tonto otra vez con los árboles?
—Vuelvo a repetirte que condujo muy bien, mamá. Vamos, por favor. Le pedí que se mantuviera cerca de la línea blanca del centro, y todo lo demás, y entendió perfectamente, y lo hizo. Hasta se esforzaba por no mirar los árboles... se notaba. Por cierto, ¿papá ha
hecho arreglar el coche?
—Todavía no. Es que piden cuatrocientos dólares, sólo para...
—Mamá, Seymour le dijo a papá que pagaría él. Así que no hay motivo para...
—Bueno, ya veremos. ¿Cómo se portó? Digo, en el coche y demás...
—Muy bien—dijo la chica.
—¿Sigue llamándote con ese horroroso...?
—No. Ahora tiene uno nuevo
—¿Cuál?
—Mamá... ¿qué importancia tiene?
—Muriel, insisto en saberlo. Tu padre...
—Está bien, está bien. Me llama Miss Buscona Espiritual 1948—dijo la chica, con una risita.
—No tiene nada de gracioso, Muriel. Nada de gracioso. Es horrible. Realmente, es triste. Cuando pienso cómo...
—Mamá—interrumpió la chica—, escúchame. ¿Te acuerdas de aquel libro que me mandó de Alemania? Unos poemas en alemán. ¿Qué hice con él? Me he estado rompiendo la cabeza...
—Lo tienes tú.
—¿Estás segura?—dijo la chica.
—Por supuesto. Es decir, lo tengo yo. Está en el cuarto de Freddy. Lo dejaste aquí y no había sitio en la... ¿Por qué? ¿Te lo ha pedido él?
—No. Simplemente me preguntó por él, cuando veníamos en el coche. Me preguntó si lo había leído.
—¡Pero está en alemán!
—Sí, mamita. Ese detalle no tiene importancia—dijo la chica, cruzando las piernas—. Dijo que casualmente los poemas habían sido escritos por el único gran poeta de este siglo. Me dijo que debería haber comprado una traducción o algo así. O aprendido el idioma... nada menos.. .
—Espantoso. Espantoso. Es realmente triste... Ya decía tu padre anoche...
—Un segundo, mamá—dijo la chica. Se acercó hasta el alféizar en busca de cigarrillos, encendió uno y volvió a sentarse en la cama—. ¿Mamá?—dijo, echando una bocanada de humo.
—Muriel, mira, escúchame.
—Te estoy escuchando.
—Tu padre habló con el doctor Sivetski.
—¿Sí?—dijo la chica.
—Le contó todo. Por lo menos, eso me dijo, ya sabes cómo es tu padre. Los árboles. Ese asunto de la ventana. Las cosas horribles que le dijo a la abuela acerca de sus proyectos sobre la muerte. Lo que hizo con esas fotos tan bonitas de las Bermudas... ¡Todo!
—¿Y...?—dijo la chica.
—En primer lugar, dijo que era un verdadero crimen que el ejército lo hubiera dado de alta del hospital. Palabra. En definitiva, dijo a tu padre que hay una posibilidad, una posibilidad muy grande, dijo, de que Seymour pierda por completo la razón. Te lo juro.
—Aquí, en el hotel, hay un psiquiatra —dijo la chica.
—¿Quién? ¿Cómo se llama?
—No sé. Rieser o algo así. Dicen que es un psiquiatra muy bueno.
—Nunca lo he oído nombrar.
—De todos modos, dicen que es muy bueno.
—Muriel, por favor, no seas inconsciente. Estamos muy preocupados por ti. Lo cierto es que... anoche tu padre estuvo a punto de enviarte un telegrama para que volvieras inmediatamente a casa...
—Por ahora no pienso volver, mamá. Así que tómalo con calma
—Muriel, te doy mi palabra. El doctor Sivetski ha dicho que Seymour podía perder por completo la...
—Mamá, acabo de llegar. Hace años que no me tomo vacaciones, y no pienso meter todo en la maleta y volver a casa porque sí—dijo la chica—. Por otra parte, ahora no podría viajar. Estoy tan quemada por el sol que ni me puedo mover.
—¿Te has quemado mucho? ¿No has usado ese bronceador que te puse en la maleta? Está...
—Lo usé. Pero me quemé lo mismo.
—¡Qué horror! ¿Dónde te has quemado?
—Me he quemado toda, mamá, toda.
—¡Qué horror!
—No me voy a morir.
—Dime, ¿has hablado con ese psiquiatra?
—Bueno... sí... más o menos...—dijo la chica.
—¿Qué dijo? ¿Dónde estaba Seymour cuando le hablaste?
—En la Sala Océano, tocando el piano. Ha tocado el piano las dos noches que hemos pasado aquí.
—Bueno, ¿qué dijo?
—¡Oh, no mucho! ¡Él fue el primero en hablar. Yo estaba sentada anoche a su lado, jugando albingo, y me preguntó si el que tocaba el piano en la otra sala era mi marido. Le dije que sí, y me preguntó si Seymour había estado enfermo o algo por el estilo. Entonces yo le dije...
—¿Por que te hizo esa pregunta?
—No sé, mamá. Tal vez porque lo vio tan pálido, y yo qué sé—dijo la chica—. La cuestión es que, después de jugar al bingo, él y su mujer me invitaron a tomar una copa. Y yo acepté. La mujer es espantosa. ¿Te acuerdas de aquel vestido de noche tan horrible que vimos en el escaparate de Bonwit? Aquel vestido que tú dijiste que para llevarlo había que tener un pequeño, pequeñísimo...
—¿El verde?
—Lo llevaba puesto. ¡Con unas cadenas...! Se pasó el rato preguntándome si Seymour era pariente de esa Suzanne Glass que tiene una tienda en la avenida Madison... la mercería...
—Pero ¿qué dijo él? El médico.
—Ah, sí... Bueno... en realidad, no dijo mucho. Sabes, estábamos en el bar. Había mucho barullo.
—Sí, pero... ¿le... le dijiste lo que trató de hacer con el sillón de la abuela?
—No, mamá. No entré en detalles—dijo la chica—. Seguramente podré hablar con él de nuevo. Se pasa todo el día en el bar.
—¿No dijo si había alguna posibilidad de que pudiera ponerse... ya sabes, raro, o algo así...? ¿De que pudiera hacerte algo...?
—En realidad, no—dijo la chica—. Necesita conocer más detalles, mamá. Tienen que saber todo sobre la infancia de uno... todas esas cosas. Ya te digo, había tanto ruido que apenas podíamos hablar.
—En fin. ¿Y tu abrigo azul?
—Bien. Le subí un poco las hombreras.
—¿Cómo es la ropa este año?
—Terrible. Pero preciosa. Con lentejuelas por todos lados.
—¿Y tu habitación?
—Está bien. Pero nada más que eso. No pudimos conseguir la habitación que nos daban antes de la guerra—dijo la chica—. Este año la gente es espantosa. Tendrías que ver a los que se sientan al lado nuestro en el comedor. Parece que hubieran venido en un
camión.
—Bueno, en todas partes es igual. ¿Y tu vestido de baile?
—Demasiado largo. Te dije que era demasiado largo.
—Muriel, te lo voy a preguntar una vez más... ¿En serio, va todo bien?
—Sí, mamá—dijo la chica—. Por enésima vez.
—¿Y no quieres volver a casa?
—No, mamá.
—Tu padre dijo anoche que estaría encantado de pagarte el viaje si quisieras irte sola a algún lado y pensarlo bien. Podrías hacer un hermoso crucero. Los dos pensamos...
—No, gracias—dijo la chica, y descruzó las piernas—.
—Mamá, esta llamada va a costar una for...
—Cuando pienso cómo estuviste esperando a ese muchacho durante toda la guerra... quiero decir, cuando unapiensa en esas esposas alocadas que...
—Mamá—dijo la chica—. Colguemos. Seymour puede llegar en cualquier momento.
—¿Dónde está?
—En la playa.
—¿En la playa? ¿Solo? ¿Se porta bien en la playa?
—Mamá—dijo la chica—. Hablas de él como si fuera un loco furioso.
—No he dicho nada de eso, Muriel.
—Bueno, ésa es la impresión que das. Mira, todo lo que hace es estar tendido en la arena. Ni siquiera se quita el albornoz.
—¿Que no se quita el albornoz? ¿Por qué no?
—No lo sé. Tal vez porque tiene la piel tan blanca.
—Dios mío, necesita tomar sol. ¿Por qué no lo obligas?
—Lo conoces muy bien—dijo la chica, y volvió a cruzar las piernas—. Dice que no quiere tener un montón de imbéciles alrededor mirándole el tatuaje.
—¡Si no tiene ningún tatuaje! ¿O acaso se hizo tatuar cuando estaba en la guerra?
—No, mamá. No, querida—dijo la chica, y se puso de pie—. Escúchame, a lo mejor te llamo otra vez mañana.
—Muriel, hazme caso.
—Sí, mamá—dijo la chica, cargando su peso sobre la pierna derecha.
—Llámame en cuanto haga, o diga, algo raro..., ya me entiendes. ¿Me oyes?
—Mamá, no le tengo miedo a Seymour.
—Muriel, quiero que me lo prometas.
—Bueno, te lo prometo. Adiós, mamá—dijo la chica—. Besos a papá—y colgó.

—Ver más vidrio—dijo Sybil Carpenter, que estaba alojada en el hotel con su madre—. ¿Has visto más vidrio?
—Cariño, por favor, no sigas repitiendo eso. Vas a volver loca a mamaíta. Estáte quieta, por favor.
La señora Carpenter untaba la espalda de Sybil con bronceador, repartiéndolo sobre sus omóplatos, delicados como alas. Sybil estaba precariamente sentada sobre una enorme y tensa pelota de playa, mirando el océano. Llevaba un traje de baño de color amarillo canario, de dos piezas, una de las cuales en realidad no necesitaría hasta dentro de nueve o diez años.
—No era más que un simple pañuelo de seda... una podía darse cuenta cuando se acercaba a mirarlo—dijo la mujer sentada en la hamaca contigua a la de la señora Carpenter—. Ojalá supiera cómo lo anudó. Era una preciosidad.
—Por lo que dice, debía de ser precioso—asintió la señora Carpenter.
—Estáte quieta, Sybil, cariño...
—¿Viste más vidrio?—dijo Sybil.
La señora Carpenter suspiró.
—Muy bien—dijo. Tapó el frasco de bronceador—. Ahora vete a jugar, cariño. Mamaíta va a ir al hotel a tomar un martini con la señora Hubbel. Te traeré la aceituna.
Cuando estuvo libre, Sybil echó a correr inmediatamente por el borde firme de la playa hacia el Pabellón de los Pescadores. Se detuvo únicamente para hundir un pie en un castillo de arena inundado y derruido, y en seguida dejó atrás la zona reservada a los clientes del hotel.
Caminó cerca de medio kilómetro y de pronto echó a correr oblicuamente, alejándose del agua hacia la arena blanda. Se detuvo al llegar junto a un hombre joven que estaba echado de espaldas.
—¿Vas a ir al agua, ver más vidrio?—dijo.
El joven se sobresaltó, llevándose instintivamente la mano derecha a las solapas del albornoz. Se volvió boca abajo, dejando caer una toalla enrollada como una salchicha que tenía sobre los ojos, y miró de reojo a Sybil.
—¡Ah!, hola, Sybil.
—¿Vas a ir al agua?
—Te esperaba—dijo el joven—. ¿Qué hay de nuevo?
—¿Qué?—dijo Sybil.
—¿Qué hay de nuevo? ¿Qué programa tenemos?
—Mi papá llega mañana en un avión—dijo Sybil, tirándole arena con el pie.
—No me tires arena a la cara, niña—dijo el joven, cogiendo con una mano el tobillo de Sybil—. Bueno, ya era hora de que tu papi llegara. Lo he estado esperando horas. Horas.
—¿Dónde está la señora?—dijo Sybil.
—¿La señora?—el joven hizo un movimiento, sacudiéndose la arena del pelo ralo—. Es difícil saberlo, Sybil. Puede estar en miles de lugares. En la peluquería. Tiñiéndose el pelo de color visón. O en su habitación, haciendo muñecos para los niños pobres.
Se puso boca abajo, cerró los dos puños, apoyó uno encima del otro y acomodó el mentón sobre el de arriba.
—Pregúntame algo más, Sybil—dijo—. Llevas un bañador muy bonito. Si hay algo que me gusta, es un bañador azul.
Sybil lo miró asombrada y después contempló su prominente barriga.
—Es amarillo—dijo—. Es amarillo.
—¿En serio? Acércate un poco más.
Sybil dio un paso adelante.
—Tienes toda la razón del mundo. Qué tonto soy.
—¿Vas a ir al agua?—dijo Sybil.
—Lo estoy considerando seriamente, Sybil. Lo estoy pensando muy en serio.
Sybil hundió los dedos en el flotador de goma que el joven usaba a veces como almohadón.
—Necesita aire—dijo.
—Es verdad. Necesita más aire del que estoy dispuesto a admitir—retiró los puños y dejó que el mentón descansara en la arena—. Sybil—dijo—, estás muy guapa. Da gusto verte. Cuéntame algo de ti—estiró los brazos hacia delante y tomó en sus manos los dos tobillos de Sybil—. Yo soy capricornio. ¿Cuál es tu signo?
—Sharon Lipschutz dijo que la dejaste sentarse a tu lado en el taburete del piano—dijo Sybil.
—¿Sharon Lipschutz dijo eso?
Sybil asintió enérgicamente. Le soltó los tobillos, encogió los brazos y apoyó la mejilla en el antebrazo derecho.
—Bueno —dijo—. Tú sabes cómo son estas cosas, Sybil. Yo estaba sentado ahí, tocando. Y tú te habías perdido de vista totalmente y vino Sharon Lipschutz y se sentó a mi lado. No podía echarla de un empujón, ¿no es cierto?
—Sí que podías.
—Ah, no. No era posible. Pero ¿sabes lo que hice?
—¿Qué?
—Me imaginé que eras tú.
Sybil se agachó y empezó a cavar en la arena.
—Vayamos al agua—dijo.
—Bueno—replicó el joven—. Creo que puedo hacerlo.
—La próxima vez, échala de un empujón —dijo Sybil.
—¿Que eche a quién?
—A Sharon Lipschutz.
—Ah, Sharon Lipschutz —dijo él—. ¡Siempre ese nombre! Mezcla de recuerdos y deseos.—De repente se puso de pie y miró el mar—. Sybil—dijo—, ya sé lo que podemos hacer. Intentaremos pescar un pez plátano.
—¿Un qué?
—Un pez plátano—dijo, y desanudó el cinturón de su albornoz.
Se lo quitó. Tenía los hombros blancos y estrechos. El traje de baño era azul eléctrico. Plegó el albornoz, primero a lo largo y después en tres dobleces. Desenrolló la toalla que se había puesto sobre los ojos, la tendió sobre la arena y puso encima el albornoz plegado. Se agachó, recogió el flotador y se lo puso bajo el brazo derecho. Luego, con la mano izquierda, tomó la de Sybil.
Los dos echaron a andar hacia el mar.
—Me imagino que ya habrás visto unos cuantos peces plátano—dijo el joven.
Sybil negó con la cabeza.
—¿En serio que no? Pero, ¿dónde vives, entonces?
—No sé—dijo Sybil.
—Claro que lo sabes. Tienes que saberlo. Sharon Lipschutz sabe dónde vive, y sólo tiene tres años y medio.
Sybil se detuvo y de un tirón soltó su mano de la de él. Recogió una concha y la observó con estudiado interés. Luego la tiró.
—Whirly Wood, Connecticut—dijo, y echó nuevamente a andar, sacando la barriga.
—Whirly Wood, Connecticut—dijo el joven—. ¿Eso, por casualidad, no está cerca de Whirly Wood, Connecticut?
Sybil lo miró:
—Ahí es donde vivo—dijo con impaciencia—. Vivo en Whirly Wood, Connecticut.
Se adelantó unos pasos, se cogió el pie izquierdo con la mano izquierda y dio dos o tres saltos.
—No puedes imaginarte cómo lo aclara todo eso —dijo él.
Sybil soltó el pie:
—¿Has leído El negrito Sambo?—dijo.
—Es gracioso que me preguntes eso—dijo él—. Da la casualidad que acabé de leerlo anoche.—Se inclinó y volvió a tomar la mano de Sybil—. ¿Qué te pareció?
—¿Te acuerdas de los tigres que corrían todos alrededor de ese árbol?
—Creí que nunca iban a parar. Jamás vi tantos tigres.
—No eran más que seis—dijo Sybil.
—¡Nada más que seis! —dijo el joven—. ¿Y dices «nada más»?
—¿Te gusta la cera?—preguntó Sybil.
—¿Si me gusta qué?
—La cera.
—Mucho. ¿A ti no?
Sybil asintió con la cabeza:
—¿Te gustan las aceitunas?—preguntó.
—¿Las aceitunas?... Sí. Las aceitunas y la cera. Nunca voy a ningún lado sin ellas.
—¿Te gusta Sharon Lipschutz?—preguntó Sybil.
—Sí. Sí me gusta. Lo que más me gusta de ella es que nunca hace cosas feas a los perritos en la sala del hotel. Por ejemplo, a ese bulldog enano de la señora canadiense. Te resultará difícil creerlo, pero hay algunas niñas que se divierten mucho pinchándolo con los palitos de los globos. Pero Sharon, jamás. Nunca es mala ni grosera. Por eso la quiero tanto.
Sybil no dijo nada.
—Me gusta masticar velas—dijo ella por último.
—Ah, ¿y a quién no?—dijo el joven mojándose los pies—. ¡Diablos, qué fría está!—Dejó caer el flotador en el agua—. No, espera un segundo, Sybil. Espera a que estemos un poquito más adentro.
Avanzaron hasta que el agua llegó a la cintura de Sybil. Entonces el joven la levantó y la puso boca abajo en el flotador.
—¿Nunca usas gorro de baño ni nada de eso?—preguntó él.
—No me sueltes—dijo Sybil—. Sujétame, ¿quieres?
—Señorita Carpenter, por favor. Yo sé lo que estoy haciendo—dijo el joven—. Ocúpate sólo de ver si aparece un pez plátano. Hoy es un día perfecto para los peces plátano.
—No veo ninguno—dijo Sybil.
—Es muy posible. Sus costumbres son muy curiosas. Muy curiosas.
Siguió empuiando el flotador. El agua le llegaba al pecho.
—Llevan una vida triste—dijo—. ¿Sabes lo que hacen, Sybil?
Ella negó con la cabeza.
—Bueno, te lo explicaré. Entran en un pozo que está lleno de plátanos. Cuando entran, parecen peces como todos los demás. Pero, una vez dentro, se portan como cerdos, ¿sabes? He oído hablar de peces plátano que han entrado nadando en pozos de plátanos y llegaron a comer setenta y ocho plátanos—empujó al flotador y a su pasajera treinta centímetros más hacia el horizonte—. Claro, después de eso engordan tanto que ya no pueden salir. No pasan por la puerta.
—No vayamos tan lejos—dijo Sybil—. ¿Y qué pasa despues con ellos?
—¿Qué pasa con quiénes?
—Con los peces plátano.
—Bueno, ¿te refieres a después de comer tantos plátanos que no pueden salir del pozo?
—Sí—dijo Sybil.
—Mira, lamento decírtelo, Sybil. Se mueren.
—¿Por qué?—preguntó Sybil.
—Contraen fiebre platanífera. Una enfermedad terrible.
—Ahí viene una ola—dijo Sybil nerviosa.
—No le haremos caso. La mataremos con la indiferencia—dijo el joven—, como dos engreídos.
Tomó los tobillos de Sybil con ambas manos y empujó hacia delante. El flotador levantó la proa por encima de la ola. El agua empapó los cabellos rubios de Sybil, pero sus gritos eran de puro placer.
Cuando el flotador estuvo nuevamente inmóvil, se apartó de los ojos un mechón de pelo pegado, húmedo, y comentó:
—Acabo de ver uno.
—¿Un qué, amor mío?
—Un pez plátano.
—¡No, por Dios!—dijo el joven—. ¿Tenía algún plátano en la boca?
—Sí—dijo Sybil—. Seis.
De pronto, el joven tomó uno de los mojados pies de Sybil que colgaban por el borde del flotador y le besó la planta.
—¡Eh!—dijo la propietaria del pie, volviéndose.
—¿Cómo, eh? Ahora volvamos. ¿Ya te has divertido bastante?
—¡No!
—Lo siento—dijo, y empujó el flotador hacia la playa hasta que Sybil descendió. El resto del carnino lo llevó bajo el brazo.
—Adiós —dijo Sybil, y salió corriendo hacia el hotel.
El joven se puso el albornoz, cruzó bien las solapas y metió la toalla en el bolsillo. Recogió el flotador mojado y resbaladizo y se lo acomodó bajo el brazo. Caminó solo, trabajosamente, por la arena caliente, blanda, hasta el hotel.
En el primer nivel de la planta baja del hotel—que los bañistas debían usar según instrucciones de la gerencia— entró con él en el ascensor una mujer con la nariz cubierta de pomada.
—Veo que me está mirando los pies—dijo él, cuando el ascensor se puso en marcha.
—¿Cómo dice?—dijo la mujer.
—Dije que veo que me está mirando los pies.
—Perdone, pero casualmente estaba mirando el suelo —dijo la muier, y se volvió hacia las puertas del ascensor.
—Si quiere mirarme los pies, dígalo—dijo el joven—. Pero, maldita sea, no trate de hacerlo con tanto disimulo.
—Déjeme salir, por favor—dijo rápidamente la mujer a la ascensorista.
Cuando se abrieron las puertas, la mujer salió sin mirar hacia atrás.
—Tengo los pies completamente normales y no veo por qué demonios tienen que mirármelos—dijo el joven—. Quinto piso, por favor.

       Sacó la llave de la habitación del bolsillo de su albornoz.
Bajó en el quinto piso, caminó por el pasillo y abrió la puerta del 507. La habitación olía a maletas nuevas de piel de ternera y a quitaesmalte de uñas.

       Echó una ojeada a la chica que dormía en una de las camas gemelas. Después fue hasta una de las maletas, la abrió y extrajo una automática de debajo de un montón de calzoncillos y camisetas, una Ortgies calibre 7,65. Sacó el cargador, lo examinó y volvió a colocarlo. Quitó el seguro. Después se sentó en la cama desocupada, miró a la chica, apuntó con la pistola y se disparó un tiro en la sien derecha.


lunes, 18 de febrero de 2013

La torre y la cabra

En el desierto hay una torre
arriba de la torre está la cabra
los que pasan se preguntan cómo llegó la torre
cómo llegó la cabra

No hay escalas ni yerba entre sus piedras
pero la cabra mira al sol
Ha de estar ciega dicen los que pasan
no es posible
ha de estar muerta

Sola la cabra aguarda la noche
alza una pata
una piedra crece bajo ella
alza otra pata
otra piedra crece bajo ella

La noche esconde hechos simples como estos,
y los desiertos.

Rosella Di Paolo



lunes, 21 de mayo de 2012

Julio Iglesias en Lima: de Quijote a Mío Cid



La noche se asoma con algo de frío, estamos en Lima. Cuatro o cinco mil personas esperan ansiosas al cantante que representa los mejores momentos de sus vidas, Julio Iglesias, ese hombre que ha hecho de sus canciones un ‘artefacto’ suave e íntimo, adornado con una cualidad envidiable de comunicador y un atractivo físico que ha sabido usar en su carrera.

Julio Iglesias está parado en el escenario con puntualidad marcial. Como un mago que saca del sombrero algo para crear una ilusión, muestra su imagen de galán que le ha hecho ganar todo, vender millones de discos, tener las mujeres más hermosas y ser dueño de lo más precioso que un hombre puede tener en la vida, libertad y tiempo para vivir lo que uno quiere vivir.

Pero esa imagen de “Quijote” se ha convertido esa noche en un “Mio Cid” que lucha por no ser desterrado de la ilusión de algunos, pero al final cae vencido. Los años pasan, los años pesan, los años son cadenas que nos arrastran a los cuarteles de invierno.

Llegó más que puntual al Jockey Club. Tengo hambre, y aunque por mi estado de salud no debería de comer grasas devoró el choripán más caro que he pagado en mi vida. Esa noche soy como una foca que necesita grasas para hacer más fuerte su ‘american skin’.

 Mientras espero el concierto imagino la explanada como un descampado donde alguien va iniciar un tiroteo, espero tantos shots para abrir este corazón ilusionado por tantas canciones de Julio Iglesias.

Pero este tiroteo no fue al corazón. Entonces es mejor dejar de lado ese juego de palabras tomado de un titular de un diario inglés: El Chelsee es campeón de la Champions league en un tiroteo de penales.

 Empezó el concierto y Julio Iglesias rompe la noche con Quijote, lo escucho y quedo atónito. La voz que escucho no es la que esperé. Es una voz quebrada, una voz herida, acaso una total desilusión. Saluda a Lima, que en ese momento son esas miles de personas. Nos cuenta que desde hace tres horas está rodeado de médicos, que se ha inyectado cortisona para desinflamar la garganta y que recuerda que su padre (médico) le dijo que nunca lo haga, que ha estado a punto de cancelar el concierto; pero no podía hacer eso porque estaba cerca el Día de las Madres.

Luego de algunas canciones hizo una reflexión especial por el Día de la Madre, basándose en sus historias de amor. Explicó que la mujer es un ser superior al hombre por una sola razón, la de “ser mamá, pues es el amor más profundo que jamás he visto en mi vida”.

De cualquier tormenta los fanáticos o comentaristas son capaces de hacer un cielo azul, por eso me ha generado una sonrisa con sorna al leer por allí un comentario en la web de RPP sobre el concierto de Julio Iglesias; imagino que hay que ser ‘políticamente correcto’, que no estamos para ir a contracorriente.

Este oficio de ser periodista nos roba a veces el alma, pero yo no trabajo para ningún medio y creo este espacio para escapar de esta decepción.

La confesión brutal de este relato tiene que decir que es la primera vez que escucho un pésimo sonido para un concierto. Si Julio Iglesias tenía la voz débil a quien se le ocurre hacer resaltar su voz sobre la música, acaso es un poderoso tenor.

Hubo momentos en que el sonido no llegaba a las últimas filas, era patético. El momento más vergonzoso a mí entender fue durante el tango “A media luz”, el sonido nos mostraba a un Julio Iglesias vencido por una garganta infiel.

Aquella voz aterciopelada de los discos no era más. Julio Iglesias también se daba cuenta que la noche no podía ser peor, una garganta inflamada, un sonido malo, un público frío que no ayudaba, que había que sacarle calidez con cucharitas; era tarde, el Cid había sido desterrado.

En un momento de desesperación Julio Iglesias llama al escenario a ‘Germán’, que imagino debe ser su sonidista, le dice algo fuera de micro. Igual le hace señales con las manos cuando canta. Que le suban el sonido, que los instrumentos deben ser más potentes, que los putos parlantes son chupados por esa inmensidad de espacio abierto, sumados a los cerros surcanos cercanos que juegan en contra.

 La producción estuvo mal allí, y si es verdad que la prueba de sonido se hizo recién a las seis de la tarde, y que el cantante pidió le muevan una torre del costado para instalarlo en medio, jodiéndonos la vista a muchos, estamos todos mal.

Aunque con la voz quebrada hubo momentos en que arrancó del público que este coreara algunas canciones, como por ejemplo la famosa y sencilla de corear “Manuela”. Debo confesar que algunas canciones me hicieron olvidar el mal sonido y canté canciones como “Sweet lord” o “Me olvidé de vivir”.

Pasan las cosas tan rápidamente que uno abre los ojos y ya han sucedido tantas cosas que uno no se las cree. El concierto acaba raspando la hora. Me quedará en el recuerdo a un Iglesias intentando en vano que la gente cante “Un canto a Galicia”, canción poco popular pero de las favoritas del cantante, igual la gente no respondió aunque Julio haya contado la historia de esta canción, es un homenaje a su padre.

 El set list ha estado aceptable, pero igual nunca alcanza el tiempo para cantar tantas canciones que el público espera. Me quede con las ganas de oír “Hey”, “Diré”, “Momentos”, “Todo el amor que te hace falta”, “Por ella”.

Pero han estado presentes sus versiones de clásicos latinos, entre vallenatos y tangos. Debo confesar que cuando era joven (ahora soy un viejo achacoso) no me gustaba la música de Julio Iglesias, y no sé por qué razón desde hace unos cinco años me empezó a gustar y he bajado de internet cuantos discos he podido.

Es un cantante que canta momentos de nuestra existencia, entre tortuosos y felices. Nos canta sobre el amor, ese sentimiento hermoso pero también doloroso. En el recuerdo quedarán anécdotas como el beso con una de las coristas. La frustración de esperar más músicos en escena, acaso una pequeña orquesta, el verbo fluido del cantante que al final representó dos canciones menos por el breve tiempo del concierto.

Habrá que olvidar ese concierto, pensar que nunca existió, que nunca sucedió que Julio Iglesias se despidiera varias veces antes de perder la voz, olvidar que nunca pudo alcanzar las notas altas, que dejaba a sus músicos en escena para ir a trastienda a inyectarse quizás más cortisona o qué sé yo, mientras el saxofonista nos regalaba unos solos memorables.

Al final Julio Iglesias se despidió con “Me va, me va”, antes agradeció a Dios por dejarle terminar el concierto, por darle una voz acaso ‘in extremis’ antes de morir en el escenario.

Un amigo de la oficina me ha contado que Julio Iglesias es un cantante de estudio, un perfeccionista en este espacio, pero ya no está para dar conciertos. No sé se sea así, quiero creer que esa noche jugaron en contra una garganta irritada y un sonido malo. Aunque he visto en Youtube algunos momentos del concierto en Arequipa y dice cosas que me dejan pensando, si sería mal pensado usaría psicología inversa y creería lo que algunos piensan, más no sé.

Igual seguiré escuchando los discos de Julio Iglesias, descargando discos que aún no tengo. Recordando que alguna vez fui al concierto, y que si vuelve a Lima tal vez vaya otra vez, aunque con miedo. Como dice un amigo la gente va a verlo, quieren solo verlo, no entienden de razones, de exigencias, es el fanatismo. Imagino que debe ser así. Luego del concierto me voy decepcionado.

Ese Quijote es ahora un Mío Cid que corre montado en el caballo de la duda. En un día 12 de mayo hay un hombre esperando le devuelvan la ilusión, ese hombre soy yo.

lunes, 2 de abril de 2012

Una conferencia sobre Mario Vargas Llosa

Hace algunos días asistí a una conferencia donde el expositor Alberto Valdivia presentó una ponencia sobre Mario Vargas LLosa con algunos conceptos interesantes. Comparto con ustedes esa velada literaria.

viernes, 23 de marzo de 2012

Festival de orgasmos, Morrisey en Lima… I touch miself




Unos calatos, un travestido, un tío que no deja que coma un sanguchito de pollo, unas vendedoras caletas de Brahma vendiendo chelas a las tribunas; la noche tenía a sus extraños habitantes esperando unas canciones de la conchasumadre, así de categórico. Estaba allí, frente al cantante de esas canciones oscuras de mis días en el colegio.

Solía pensar que algún día llegaría el placer de sentir una sensación parecida a la que esperan los heroinómanos, acaso oquedades racionales y vivir lo que haya que vivir. No tratar de entender y cantar los himnos de tus frustraciones, compartir tu pena con el que está al costado, aunque en verdad estamos solos, la verdad es que esa noche estaba más solo que nunca, pero viviendo una felicidad fugaz.

Empecé a temblar de la emoción, era una situación incontrolable hasta la segunda canción. La primera: “First Of The Gang To Die” parecía cobrarse la vida de aquel tipo que era yo, un solitario en medio de miles de fanáticos de Morrisey. Toda mi humanidad, mi sangre, mis dolores, mis amores, mis odios, fragilidades; era secuestrada por canciones más tristes que los cielos del invierno limeño.

Maldije no haberme arriesgado a traer la puta cámara de fotos, pero tampoco se trataba de pasarme el concierto como un cojudo filmando. Lo que había que hacer era disfrutar de la música.

A mi lado estaba una pareja, era un chico veinteañero saltando y cantando hasta sacarse eso que llevamos dentro hasta que sale como un volcán en erupción, su enamorada también cantaba -en realidad trataba- pero era él, el fan. Así había varias parejas por donde estaba.

Parece que los más acérrimos fanáticos de Morrisey son hombres. Parece, digo. Pero yo estaba solo, como el caballero oscuro de la noche, pero vestido de blanco, porque así salí apurado del trabajo de “inmaculado heladero”.

En un arranque de locura alguien cantó convencido llévame contigo esta noche a cualquier lugar, no importa que nos choque un omnibús de 10 toneladas y nos saque la mierda; “el placer y el privilegio será mío”. Allí, en medio de los diez mil asistentes alguien habría dicho: “Mientras más me ignores más me aferro”, y así éramos todos jodidamente felices a nuestra manera.

Sucedió que esa noche un orgasmo musical se convirtió en un festival, y ese placer es como una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar, a veces nos hace llegar juntos en alguna canción; otras te toca a ti mismo llegar.

En mi caso creo que llegué al paroxismo con la trágica “There is a light that never goes out”, y con “Speedway”. Tal vez habría sido demasiado placer escuchar: “This charming man”, “Bigmouth strikes again”, “Heaven knows Im miserable now”, “Barbarism begins at home”, “Boxers”, “Interlude” o “Suedehead”; canciones ausentes en el concierto y en la gira Sudamericana, pero más vivas que nunca en el recuerdo, y con el sueño intacto de que algún día podríamos escucharlo en una próxima gira. ¿Por qué no?

¿Por qué me gusta la música de Morrisey? Por sus letras oscuras, dramáticas, historias de una vida de mierda cubierta con el más hermoso disfraz lírico; Me gusta también por su performance como showman, por sus ganas de joder con su sarcasmo british, como si el humor negro llegara a las venas a través de sus canciones.

Más de uno habrá esperado que Morrisey dijera: Chile, Chile, o alguna referencia ajena a Lima. Pero no, llegó diciendo que quería cantar en la ciudad de los reyes, y eso era bastante.

Es verdad que siempre extrañaremos la estructura musical que le daba Jhonny Marr a The Smiths, ese sonido envolvente y poderoso que nos hundía para siempre en la atmósfera de los ochenta. Pero ya no existe tal posibilidad y no hay que estar pidiendo imposibles a estas alturas de la noche, de la vida, nada. Caballero, a seguir escuchando las grabaciones de los conciertos en vivo de la época de The Smiths, y disfrutar en el recuerdo lo que Morrisey entregó en su concierto en Lima.

Creo que esa noche del 14 de marzo en el Jockey Club fue y no fue así. Cómo saberlo con certeza luego de esperar tantos años por un ícono de tu mundo musical. Al final hay que vivir ese orgasmo musical, pero como estoy solo I touch miself… o sea un pajazo. De eso se trata al final estas líneas.

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Qué es un fanzine?




Encontrar definiciones de lo que es un fanzine es cuestión de buscar material bibliográfico de manera interdisciplinaria, o para estar a tono con los tiempos en Internet y se acabó el problema.

Una definición sencilla y básica es la siguiente: Un fanzine es una publicación doméstica no comercial, de tirada reducida y reproducida por fotocopiadora (hablar aquí del uso de tecnologías como Internet en la difusión de fanzines es un amplio tema que dejaremos hoy, y nos remitiremos al fanzine impreso, el cual es a mi opinión, el más efectivo y cumple con el requisito de ser underground; aunque seguramente ya estará cerca el día en que con una laptop en la calle podamos agarrar señal de Internet, la que sería como las ondas de radio, gratuita.

Otra característica de los fanzines es su periodicidad irregular, y la no censura, o lo que podríamos llamar la libertad absoluta para expresar lo que sus autores quieran comunicar; desde contenidos artísticos, radicales o improperios de grueso calibre a personas identificadas, partidos políticos etc. Sería interesante ver hoy cómo se desarrolla el mundo underground de los fanzineros chinos, o de algún país con restricciones de libertad. Otra particularidad interesante de los fanzines es su propuesta estética, aquí hay un amplio campo de estudio para la semiótica.

Un rasgo primordial de los fanzines son sus contenidos, los cuales pasan por manifestaciones artísticas (música, poesía, artes plásticas, cine etc), pero es en la veta política donde está, en opinión personal, lo más importante a resaltar del discurso de los fanzines. Aquí podemos hallar amplia información en precedentes impresos como pasquines, panfletos o libelos clandéstinos que se usaron siglos atrás para librar la batalla ideológica en tiempos de dictadura, gobiernos absolutistas, o el virreynato peruano, como fue nuestro caso.

Levantar la voz, es a mi entender, la razón de usar textos impresos como los fanzines. El movimiento fanzinero en la década del 90 fue activo en Lima, así como en las ciudades del interior donde existían grupos underground como grupos de música punk o metal. El movimiento fanzinero ha estado activo en grandes metrópolis, cabe recordar que estos impresos surgen en Europa y en los Estados Unidos en la década del 60, y hay precedentes de su propuesta estética en impresos como comics de la década del 40.

El tema es amplio, para mayores precisiones puede investigarse en libros de contracultura, o irnos a las calles a buscar los fanzines (la distribución de estos impresos se hacía en las calles de manera directa o en puntos conocidos como el Centro de Lima o conciertos de música rock).

miércoles, 2 de marzo de 2011

Carnaval sangriento en Lima


“Por muy inocente que parezca desenvolverse el carnaval en Lima, no puede, con todo, terminar sin sangre. Como se me ha asegurado, cada año ocurren algunos casos fatales. En uno de los suburbios, una indígena compraba carne, en la mañana del tercer día, y se encontraba ocupada en cortar un trozo, cuando un mulato le arrojó por la espalda un cubo de agua en la cabeza. La chola se encontraba de mal humor esa mañana, pues sin voltearse siquiera, le clavó al mulato un cuchillo en el cuerpo, el cual murió pocos minutos después”.

Así describe un día de carnaval en Lima en el siglo XIX, Friedrich Gerstaecker, novelista alemán del género de aventuras muy leído en su tiempo en su país. El texto en mención se titula: “Tres días de carnaval en Lima” (1860), y es recogido del libro “Cuatro viajeros alemanes al Perú”, que reúne comentarios del Perú por cuatro teutones que visitaron el país entre los siglos XVII y XIX, editado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1969, y que tiene a Estuardo Núñez como encargado de la recopilación, revisión y prefacio, y a Ernesto More como traductor del alemán al castellano.

Entonces no queda sino darnos cuenta que los excesos del carnaval en una ciudad como Lima, viene de siglos atrás, como lo demuestra este texto. Esta festividad del año saca la peor parte de nuestra idiosincrasia, sacar ventaja para robar, agredir, burlarse, despilfarrar, matar y todo lo demás. Esto quedo demostrado en estos días cuando el primer domingo de febrero, dos chicas fueron atropelladas por un bus al tratar de huir de unos maleantes que quisieron aprovechar el carnaval para no solo echar agua sino manosearlas. Ya estamos en marzo y estos delincuentes no han sido identificados y el asunto parece haber pasado al olvido por las autoridades.

Estos excesos pasan en las grandes ciudades y en zonas donde lo popular y barrial convive con lo delincuencial. No sé de pueblos en la serranía o en la selva donde se registren hechos con estas características. Así que esas historias de que antaño los carnavales la gente se respetaba y te echaba agua perfumada solo era verdad en zonas con comodidad económica (donde un alto grado de educación era la barrera a los excesos violentos), pues en los barracones de los siglos pasados el carnaval siempre ha rayado en lo violento y el mal gusto.

El texto de Gerstaecker nos cuenta que el carnaval eran días en que se vivía la guerra de los huevazos; pues todo el año se guardaban huevos a los que se les había extraído el interior para llenarlo con agua olorosa -los que tenían dinero-, con agua los indiferentes, y los aviesos con agua de acequia; tapados luego con cera y vendidos por miles. El autor cuenta que tres jóvenes calcularon que ellos usaron alrededor de 1200 en tres días de carnaval. Hay que echar pluma para ver el dinero gastado en un carnaval, y multiplicar por todos los carnavales de su vida.

Otra curiosidad es que aunque estaba prohibido echar agua, y había patrullas a caballo con policías para vigilar se cumpliera esta norma, estos eran los personajes más mojados y no podían hacer mucho pues los huevazos venían de todas partes y de forma anónima, y a estos policías solo les quedaba reír. O sea la falta de respeto a las autoridades venía de atrás. O sea que heredamos lo peor de la idiosincrasia de los españoles que llegaron a invadir el Perú, solo nos queda sino jodernos por los siglos de los siglos.

Como corolario es bueno saber que Friedrich Gerstaecker tiene un relato: “18 meses en América del Sur” (2 volúmenes), donde dedica gran cantidad de páginas sobre la realidad peruana, y también la novela “El señor Águila”, de más de 500 páginas, que es la primera novela escrita por un extranjero sobre la realidad peruana; y que según Estuardo Núñez dice en 1969 en el prólogo del libro no había sido traducida del alemán al castellano.

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿Cuánto cuesta el autógrafo de una estrella de cine?


Un autógrafo es en estos tiempos un trofeo para los fans. Firmarlos es para los actores de cine un precio que tienen que pagar por ser famosos. Pero no todos los famosos lo hacen con una sonrisa, y hay inclusos los que se niegan a hacerlo, por lo que tener un autógrafo de estos actores se ha convertido en un desafío que rinde buenos réditos económicos.

Actores como Tobey Maguire, Joaquin Phoenix, Renée Zellweger, Bruce Willis, Scarlett Johansson o Julie Andrews se encuentran entre los peores entregando autógrafos, según una lista que elaboró la revista Autograph Magazine en el 2007.

¿Pero qué es un autógrafo para un fan? Un recuerdo especial o un negocio, depende de cada fan. Algunos se ha pasado gran parte de su vida coleccionando estas firmas por un afán de gusto y placer emotivo, pero hay de los que prefieren ganar unos dólares por esto.

Estos simbólicos recuerdos tienen un precio que depende del grado de dificultad de conseguirlos; así una firma de Tobey Maguire, el protagonista de Spiderman, puede llegar a superar los 250 dólares, pues el actor encabeza la lista de los que odian dar autógrafos. Un autógrafo de Tom Cruise, fluctúa entre los 95 y los 250 dólares. Un actor que ha escalado en este ranking es el ganador del Oscar Javier Bardem, cuya firma cuesta entre los 60 y los 120 dólares.

Debido a que la afición por los autógrafos crece con fuerza gracias a la facilidad para comerciar con ellos, ha surgido el problema de las falsificaciones por lo que es bueno consultar a algún experto antes de adquirir uno.

Los actores que odian dar autógrafos ponen como excusa argumentos que van desde no entender por qué hay que dar autógrafos, o si firmo a uno tengo que firmarles a todos; por lo que cada vez es más difícil conseguir uno de una verdadera estrella de cine, pues muchos famosos lo consideran algo molesto y porque cada vez hay más gente que los busca.

Pero están también los famosos que firman autógrafos con generosidad.
Entre estos destacan: Matt Damon, George Clooney, John Travolta, Russell Crowe, y el más entregado de todos, Johnny Depp, quien incluso habla algunas palabras con sus fans si es que tiene tiempo. Otro actor de peso que es devoto de sus admiradores es Jack Nicholson, quien suele atender de buen agrado a quienes se le acercan a pedirle un autógrafo durante los partidos de baloncesto de los Lakers de Los Angeles, donde nunca falta.

Existen grandes coleccionistas de autógrafos como el inglés Alan Robinson, quien poseía una histórica colección de al menos 10 mil autógrafos de las estrellas más famosas de Hollywood. Esta colección tiene autógrafos de figuras emblemáticas del cine como la actriz estadounidense Marilyn Monroe, cuya fotografía autografiada fue vendida en 20 mil dólares. Esta colección fue subastado en Londres con un precio base de dos millones de dólares.

No cabe duda que los autógrafos son de alguna forma una extensión de las estrellas de cine, de su mano al papel, son parte de ellos y por eso valen lo que pagan los fanáticos de estos recuerdos.

martes, 8 de febrero de 2011

La boda de ella tiene que ser la mejor



Lou es una mujer que debe estar frisando los treinta años. Ya no es esa chica, casi adolescente, que conocí en la vieja San Marcos, una chiquilla poseedora de una extraña calma inglesa que contagiaba y calmaba algunos de mis demonios internos por aquellos días. Hace algunos días nos encontramos personalmente –luego de casi dos años- en la Casa de la Literatura; y me ha dicho a boca de jarro: “Toma tu parte, me voy a casar; ¿no te había dicho nada?”

Aunque siempre estamos en contacto a través del MSN, esto de enterarnos de las cosas importantes de la vida –por no decir vulnerables y graves para estar a tono con mi espíritu escèptico-; uno no puede esconder el asombro por el paso del tiempo. Pronto ella será la esposa de alguien que no conozco aún, un hombre que debe haber llenado de alegrías sus días. Pero igual no puedo dejar de pensar que voy volviéndome más viejo, ya no tengo ese rostro de tomate estallado cuando las chicas me ‘golpeaban’ en la universidad y Lou se había convertido en mi confidente de la Facultad de Letras.

Nos conocimos trabajando para la universidad y hemos tenido algunas ‘consultorías’ post ‘university’ en el tema de corrección de textos. Ahora ella trabaja en el fondo editorial de una universidad privada. Por eso a veces recurro a ella cuando tengo alguna duda en el tema, pues se ha ido especializando y ha encontrado algunos errores en mis textos; aunque eso no debe ser muy difícil pues uno escribe y casi nunca corrige, algunos por flojera y otros porque supongo pensarán que son infalibles.

Me pregunto si bailará en su boda alguna canción del ‘chatígula’ Sanz, ya que ella es una fanática del español, ha ido a todos sus conciertos en Perú y alguno fuera del país; tiene hasta fotos con él y toda la cosa. Ahora que ella se casa me ha venido a la mente una vieja canción de Bobby Valentín que a la letra dice algo así:”La boda de ella tiene que ser la mejor, va a estar llena de cariño y también de mucho amor, la boda de ella siempre va ser comentada, pues va a ver mucho champán y también piña colada”.

Casi no hemos podido conversar ese día en la Casa de la Literatura, pues ella estaba ayudando en la organización y yo estaba en el ‘limbo’ por decir algo. No pude comentarle que he descubierto a una escritora: Joyce Carol Oates, con una novela que promete “La hija del sepulturero”. Que he vuelto a leer luego de un tiempo sumido en el desgano y la anomia literaria; que hasta ando leyendo a la vez a Proust con su inagotable “En busca del tiempo perdido”. Aunque al final todas esas experiencias no sean más que ruinas de otro tiempo perdido. Acaso los años felices de la universidad, donde uno se internaba en la ciudad universitaria que nos hacía olvidar nuestras vidas en la otra ciudad babilónica, Lima.

Para andar en la onda de humor negro, que a ella le gustaba y que seguro alternaba con los libros de Cerrón Palomino y las fricativas, y las clases de fonética; no he podido dejar de evocar estas líneas de la canción de Bobby Valentín:”La boda de ella tiene que ser la mejor, tu mamá estará llorando y tu papá estará gozando porque de ti ya se libró”.

Uno quisiera decir más cosas pero las deja madurar un poco más. Tal vez algún día se plasmen en un texto. Aunque no conozco a Hernán, el futuro esposo de Lou, sé que es una buena persona, pues Lou siempre ha tenido buen gusto y tino con las personas. Para terminar, un abrazo y mis deseos más sinceros de felicidad para ambos. Deberìa terminar diciendo que se va a casar la mejor amiga que tuve en San Marcos. No hay remedio nos vamos volviendo viejos, mucho más de lo que ya somos.

lunes, 31 de enero de 2011

Reflexiones de un pene solitario sin bicicleta


Hace algunas semanas viendo un programa de tv del cable escuché una frase que me hizo pensar en un tema que no es nuevo, sexo y poder. Aunque ya se ha hablado y se ha escrito del tema me pareció curioso, pues alguien contaba que un automóvil era la extensión de su órgano sexual, en este caso un pene.

El canal VH1 pasaba un reportaje sobre las costumbres de los nuevos ricos en Inglaterra. Entonces un hombre de aproximadamente unos cuarenta años contaba como había cambiado su vida ahora que era un nuevo rico gracias a sus acertadas jugadas financieras. Pero el tema no es lo económico en sí, sino que una de las cosas que había empezado a hacer era comprar automóviles de lujo.

Entonces presentaba cada uno de sus coches hasta que dijo la consabida frase: ‘este moderno, poderoso, lujoso auto es la extensión de mi pene’. Entonces me puse a pensar en lo que eso representaba más allá de que la frase no era nada nueva. Qué podía significar eso en un país como el Perú.

Cómo es el pene de los que se transportan en majestuosos Mercedes Benz negrísimos y brillantes, con motos de la policía abriendo paso y saltándose los semáforos porque nada puede detener a ese ‘pene’ embalado que tiene que hacer sus ‘faenones’. Tal vez ese pene más parece un matón que te va a dejar molido, y está lejos de procurarte sensaciones placenteras.

Cómo es el pene de los que manejan esas modernas 4X4 de lunas polarizadas que llenan las ya congestionadas avenidas de Lima, para ir a comprar algo a dos o tres cuadras de su casa. Ellos deben pasar primero siempre y que el transporte público se joda. Me imagino en un pene señorito al que hay que engreír, porque sino se transforma de un refinado Dr. Jekyll a un energúmeno Mr. Hyde, no sin antes ‘cholearnos’ con su rica jerga ‘asiática’.

Cómo es el pene de los choferes de combis asesinas que corren como locos para ganar un pasajero más, a costa de la vida de los otros pasajeros. Ese pene debe ser uno que se cae a pedazos al igual que su combi que tiene más modificaciones dignas de Frankestein, con los asientos amarrados con alambre y las ventanas rotas o tapiadas con un pedazo de cartón.

Cómo es el pene de aquel taxista que va por la ciudad con su Tico amarillo, metiéndose por doquier sin respetar las reglas y cerrándote porque ellos son los bacanes de las pistas ¿o de la jungla? Me imagino en un pene con espíritu de rata achorada, de la cual debes cuidarte porque puede salpicarte con su meada pues se orina en sí mismo, en este caso en sus propias llantas en plena avenida y a vista de todo el mundo. Todo un exhibicionista el señor maní, maní por el tamaño del Tico.

Y si hablamos de tamaños, cómo será el pene de esos que manejan esas moles de cinco pisos que hay en las minas. Esos camiones que cargan toneladas de mineral y que nos hacen ver como hormigas. Esos penes deben ser más que poderosos, Dios, no puedes meterte con él porque está más allá de ti y tiene a las leyes de su parte, algo así como la encarnación peniana de “No es país para débiles”. Ese pene es una roca y te va a doler.

Y así podríamos enumerar a varios penes pero ya depende de cada uno. Yo por mientras debo confesar que no tengo auto, alguien con ganas de joder diría que soy mocho. Alguna vez quise comprarme un Opel de inicios de los setenta porque tal vez soy un romántico que le gustan los autos clásicos. Ya no manejo bicicleta y no recuerdo si aún la tengo por allí, es que tantas caídas lo dejan a uno con la moral baja. Al final no pienso igual que el inglés del programa de VH1, y mi pene está allí tranquilo, reflexionando hasta que le toque trabajar en lo suyo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

“Los condones se pueden usar sólo entre putas y putos”



Me pregunto cuántos millones más de personas habría en el mundo si no existiera el condón (con lo hacinados que están en algunos lugares), cuántos más enfermos de VIH y enfermedades de transmisión sexual habría en países pobres como el nuestro si el hombre no habría inventado el condón. ¿Por qué no usar algo que puede salvar vidas? ¿Por qué obedecer dogmas religiosos que van contra la razón y la salud pública? ¿No decía esta misma Iglesia hace siglos que la tierra era el centro del Universo?

El cardenal Juan Luis Cipriani saltó hasta el techo de la catedral de Lima el domingo 14 de noviembre. En su homilía dijo que el ministro de Salud, Oscar Ugarte, era un traidor de Cristo por fomentar el uso de los condones, santo Dios que barbaridad. Las homilías de Cipriani se han convertido en la plataforma de su discurso político teológico, sabe que tiene a su disposición a la prensa que está a la caza de lo que vaya a decir. ¿Qué nos dirá durante la campaña electoral que se viene? Esos puñales de sus palabras ya deben estar hirviendo en ácido.

Cómo habrá quedado Cipriani luego de que el Papa Benedicto XVI dijo lo que dijo, que sí pero no; La nota de prensa del Vaticano del 21 de noviembre dice: "El Papa considera una situación excepcional en la que el ejercicio de la sexualidad representa un verdadero riesgo para la vida del otro. En ese caso, el Papa no justifica moralmente el ejercicio desordenado de la sexualidad, sino que considera que el uso del preservativo para disminuir el peligro de contagio es ‘un primer acto de responsabilidad’, ‘un primer paso hacia el camino de una sexualidad más humana’, tomando en cuenta que no usarlo expone al otro a arriesgar la vida". TRADUCCIÓN: los condones se pueden usar pero sólo entre las putas y los putos.

Dónde quedan los adeptos a la carne. Los que van por el mundo de cama en cama y que no cobran por tener sexo. Vivimos tiempos en que los jóvenes cada vez más viven su sexualidad al filo de la navaja, querramos o no los tiempos son así y no podemos contra esto. Continúa la nota de prensa del Vaticano: "El Papa extiende luego la mirada e insiste en el hecho de que concentrarse solo en el preservativo equivale a banalizar la sexualidad, que pierde su significado como expresión de amor entre personas y se convierte en una especie de ‘droga’. Luchar contra la banalización de la sexualidad es ‘parte del gran esfuerzo para que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda ejercer su efecto positivo sobre el ser humano en su totalidad’". TRADUCCIÓN: seguir el camino de la abstinencia y la fidelidad. O sea te jodiste si apellidas ‘Arriola’.

O sea para la Iglesia el condón debería ser sólo de uso exclusivo de ‘esta gente’, el resto del rebaño deberá abstenerse o hacerlo a pelo limpio dentro del ‘sagrado matrimonio religioso’, no sé si el matrimonio civil valga algo más para la moral de curas como el tío Cipriani; que creo yo le habría gustado nacer en el siglo XVI y ser el defensor de la Doctrina, léase el Santo Oficio. Cargo que ocupó el actual Papa en tiempos de su antecesor.

Cuando escucho posiciones como el de Cipriani me parece vivir en el siglo XVI, cuando la Iglesia perseguía con espada a Nicolás Copérnico por decir que era el Sol y no la Tierra el que ocupaba el centro del Universo. La memoria de Copérnico tuvo que esperar hasta 1992 en que una comisión papal reconoció que la Iglesia se había equivocado. Hasta cuándo tendremos que esperar los que pensamos que hay que usar condones para no contraer ninguna enfermedad sexual o el mortal VIH, y que al salud pública está antes que los dogmas religiosos.

Creo que este tema tiene que ver también con la libertad de decisión personal. El no ser señalado por pensar distinto a personas que viven una moral religiosa trasnochada y que ocupan importantes cargos en la jerarquía social del mundo. Seguirán los jóvenes yendo a misa y de allí con ‘jebe’ en mano a hacer lo suyo. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Yo por mientras seguiré siendo fiel a la memoria de mi amada ‘Manuela’, que guitarra en mano no se cansaba de cantarme una vieja canciòn de Radiohead Fake plastic trees antes de meterse de monja (que chiste son algunos romances).

Al final todo es un asunto de conciencia, que cada uno decida si se cuida por abstinencia sexual, fidelidad o usa el condòn. Todo vale con tal de vencer el VHI. Valgan estas lìneas a pocos dìas de celebrar el Dìa Mundial de la Lucha contra el VHI.

En tiempos en que es difícil mantener un tema en discusión, aparece un tópico muy importante como es la libertad de decidir sobre nuestra sexualidad y la cerrada defensa de la Iglesia Católica sobre la prohibición del uso de los preservativos. Pero vivimos en el Perú y cada día hay un tema nuevo que desplaza al del día anterior, hoy estamos con las ‘pillerías’ legales del ex ministro aprista de la Cartera del Interior Barrios y su generosa indemnización por despido, y los asaltos a bancos con rehenes.

lunes, 25 de octubre de 2010

Entre el cielo y el infierno


Estaba yo con las fuerzas a punto de sucumbir cuando me di cuenta de que esa noche no había nada más que hacer. Las elecciones del domingo tres de octubre para alcaldías, presidentes regionales y el referéndum, habían sido un día lleno de broncas, trabas y puñaladas de todos contra todos; o sea una muestra gratis de la idiosincrasia política peruana.

Allí estaba yo por segunda vez, lidiando contra el tiempo y contra el Perú, ese Perú encarnado en instituciones como la ONPE, el JNE, el Ejército, la policía y la ciudadanía misma.

Han pasado hasta hoy que escribo estas líneas (12 de octubre) más de una semana y no sabe Lima quien es su alcaldesa. Se tiran la pelota la ONPE y el JNE por las fallas del sistema, los personeros andan en ristre y la prensa se pregunta hasta cuándo seremos un país de patas arriba, y la gente (entiéndase la masa que no le importa nada sino que no le multen por no sufragar) ha dejado la angustia de este día y sigue en lo suyo. Allá el problema es de otros conmigo no es.

Como testigo de primera fila (fui coordinador de la ONPE) puedo decir algunas cosas para que reflexionemos:

Hay ocho mil y tantas actas observadas en Lima (cifra record para Lima) porque a los miembros de mesa les faltó capacitación. Pero aquí hay que relacionar esto con la idiosincrasia del peruano, éste odia en un noventa y tantos por ciento ser miembro de mesa, entonces un grupo importante en número hará su trabajo con desgano y a la de Dios, si sale bien, bien, y si sale mal que me importa. Entonces estas personas no van a las capacitaciones y no le dan la importancia. Habría que pagarles a los miembros de mesa una cantidad que les haga menos aciago este día (lo del deber ciudadano no se lo cree nadie), pero previa capacitación obligatoria y aprobando un prueba sencilla de cómo llenar bien un acta electoral.

De los seis miembros de mesa elegidos por sorteo, uno podría ser voluntario (podría ser el tercer miembro) con una capacidad demostrada de buen trabajo, o sea personas con capacidades demostradas y que entiendan el trabajo a hacer, llenar en orden un acta y sacar tantas copias sean necesarias (que pueden ser diez o más de veinte según sea el caso). Si hay un pago pienso que más de uno querrá pasarse un día en mesa y puede ofrecerse de voluntario.

No se puede cambiar las reglas del juego a menos de un mes del día D, entonces al JNE no se le ocurre mejor idea que cambiar algunas directivas y confundir a la gente, faltando 2 días dice que no son 9 actas obligatorias (en Lima) sino 10. No hay que decir lo que esto conlleva, más errores de lo que se espera de la gente con menos preparación para llenar las actas. No hay que olvidar que son más de 12 horas de trabajo en muchos casos, donde sólo reciben ajos y cebollas de la gente de la cola, y entonces hay que tener mucha fortaleza mental.

Se dice que el JNE fiscaliza las elecciones, lo cual está bien, pero no prevé que en su mayoría los miembros de mesa no han asistido a las capacitaciones y entonces no se le ocurre mejor idea que prohibir que la gente de la ONPE se acerque para asesorarlos en el momento para el correcto llenado de las actas, o sea una capacitación al vuelo. Entonces nos vamos todos al abismo, pero eso sí cumpliendo a rajatabla la ley, y que se jodan los que tienen que joderse. Y no hay alcaldesa para Lima. Otra cosa, ayer escuché en RPP que el JNE no le pagaba a la gente que contrató (gente de a pie que espera 400 soles), encima que el JNE se le da por complicarlo todo, la hace larga con el sueldo de su propia gente.

Y ni que decir de los JEE, por ley deben resolver las actas observadas (observadas por la misma ONPE, porque si no lo hacía le caía la ley y adiós ONPE) e impugnadas. Y para ello cuenta con poco tiempo y con cuatro gatos para trabajar en ello, o sea les exigimos ganar una carrera de fórmula uno y les damos un tico viejo para que corra. Que tal conciencia.

El papel de la Policía y el Ejército es otro cantar. Según la ley deberían proteger el proceso, pero hay distritos donde el número de efectivos no alcanza y hay que rogarle a ‘San La Muerte’ que no pase nada. Pedimos, exigimos por ley, pero no les damos todo lo necesario, y luego les damos con palo sentados en el balcón (léase prensa, políticos y revoltosos).

Parece que un día de elecciones y todo lo que conlleva este proceso, saca lo peor de nosotros como país. Allí vemos tachas (que juegan en contra a veces), guerra sucia, violencia, leguleyadas, ignorancia, poco civismo. Y para terminar sigo esperando también mi pago luego de trámites y más trámites, burocracia bendita seas.

Post data: 25 de octubre recién pude cobrar, por ello la demora de este post. He podido ver a través de los noticieros los sustentos legales de los personeros y abogados en el JNE, y la verdad dan pena como se llega a niveles de cinismo y mentira para lograr sus objetivos. He visto como un abogado que quiere tirarse abajo toda las elecciones por ejemplo en Pachacamac, dice que la gente de la ONPE trabajó e indució al error para que gane un candidato, y que hasta tiene videos de eso. ¡PUES QUE LOS MUESTRE, QUÉ ESPERA¡ Hay que ver que cuajo.
Una frase para el recreo. Tomado de la novela ‘Héroes’ de Ray Loriga:
“Soñé que tenía una pistola de plata. Una pistola preciosa. Primero disparaba contra el tío que mató a Lennon y pensaba: eso está bien, pero después me ponía a dispararle a todo el mundo”.

jueves, 15 de julio de 2010

Hace frío pero duele más tu ausencia



La última escena
es un techo blanco con grandes reflectores apagados
siempre supimos del ir y venir del amanecer
mas ahora sabemos que antes del último
este pegotea pedazos de julio en el cielo
como avisándonos de algo
entonces pensamos que alguien debería decirle a Madame Bovary
que no es necesario que planche más camisas blancas
que andaremos desnudos de ahora en más.


Un chofer de madrugada usurpa el oficio del verdugo. Los días siguientes ya no serán los mismos, habrá una viuda y huérfanos nuevos en este mundo. Y tomo un verso guardado hasta hoy para decirme a mí mismo: estate listo para vestir de cybergrief.

Hay veces que uno no quisiera decir lo que va a decir, ¿pero quien puede detenerlo? Desde el amanecer del viernes nueve de julio la vida para un grupo de personas ya no será la misma. Mi amigo Jorge Díaz ha partido de este mundo, y no he podido despedirme por andar pensando que somos invencibles y que la juventud es la mejor barrera contra todos los males.

Qué le pasa a uno cuando alguien tan cercano a los recuerdos de la niñez, alguien tan corpóreo hasta hace poco deja de serlo. Conocí a Jorge en la primaria y terminamos juntos la secundaria. Forma parte de los momentos en que forjamos los recuerdos del mañana. Aprendimos juntos a jugar fútbol de manera más competitiva que la primaria, aunque él siempre destacó más que muchos. Fue un gran hincha de Sporting Cristal y un habilidoso jugador del club de sus amores, el de su barrio, el Independiente de San Gabriel.

Me paso estos días recordándote y tú estarás dormido esperando que lleguemos para seguir esos partidos inacabables, en la cancha detrás del colegio casi todos los viernes del cuarto y quinto de secundaria. Las primeras borracheras y nuestras primeras incursiones como Romeos.

Pero ahora eso es más lejano. Te habías casado con Clara, nuestra compañera del colegio, la que te dio la alegría de ser padre y la oportunidad de renovar tu vida en lo que fue para ti lo mejor: conocer a Dios y ser feliz en este encuentro.

Yo soy agnóstico pero pude ver que eras feliz en tu Iglesia Evangélica Pentecostés. Por eso es que nunca te juzgué ni intenté revocar tu decisión espiritual como algunos. Y yo aprecié también tu amplia vocación ecuménica, pues nunca criticaste mi posición diametralmente contraria a la tuya. Aún así seguimos siendo muy amigos.

Pasábamos algunas tardes cocinando en tu casa y viendo algunos partidos de fútbol; así hasta que dejaste lo mundano; la bebida, el cigarro, las fiestas, y nos distanciamos un poco, aunque en nuestro caso más por los ajetreos de tu vida de casado y los horarios difíciles. Aún así a veces nos encontrábamos en los partidos del campeonato de San Gabriel, tú yendo a ver al Independiente y yo al Once Estrellas.

No nos veíamos hace unos meses, la última vez acababas de comprarte una moto nueva y conversamos sobre las formas de perder el tiempo, mejor dicho la forma en que nos la hacen perder y como revertir eso; un proyecto empresarial que al final no pudo ser.

Así hasta que el domingo once de julio en que te fuiste luego de dos días de estar en coma. Fuimos al hospital pero ya era tarde. Sólo nos queda respirar hondo y pensar como hacer menos difícil estos momentos para Clara, tu amada esposa.

Las madrugadas ya no serán las mismas. El chofer que atropelló tu moto y se dio a la fuga, tendrá que responder. Pensar que a la misma hora en que miraba el reloj, las siete de la mañana del domingo, tú partías. Te adelantaste pero ya te alcanzaremos.

Ahora estamos frente a tu última morada física, en el cementerio Parque del Recuerdo de Lurín con algo de frío y con amenaza de llovizna. Pero más duele tu ausencia. Por eso trataré de recordar los días de verano en que huíamos de Lima para conocer las playas del sur y aquellos pueblos que de seguro ya no serán los mismos.

viernes, 9 de julio de 2010

Hay que joderse de frío por impuntual



“Eres un perfecto pendejo”, esa fueron las primeras palabras que Enrique Vila Matas recibió de un peruano allá en Barcelona en los setenta. No había escuchado nunca esa palabra, reconoció que la curiosidad le ganó. Ahora hay que ver cual de las acepciones es la que quiso decir éste peruano.

Vila Matas (Barcelona 1948), escritor y ensayista español está en Lima, lo acabo de ver anoche (7 julio) en el Centro Cultural de España (CCE) hablar de sus obras y de cómo estas se forjaron entre idas y venidas del ser escritor. Ese matrimonio ambulante entre el hombre y la ‘puta’ literatura, como él la llama con cariño al explicar el origen del título de su libro “Dublinesca” (2010); la historia es más larga pero allí les dejo la idea.

Debo reconocer con desvergüenza que no he leído aún ninguna de sus obras, más allá de alguna que otra crónica periodística cargada de humor y de ingenio. Los X motivos a veces nos sobrepasan y uno no puede leer lo que quisiera, por ello me ‘fumo’ la vergüenza pues a mis casi ‘ochenta’ años ya no estamos para pedir perdón por estas cosas.

Llegué 15 minutos tarde a la conferencia (por el tráfico y por esas cosas de última hora que tienen las mujeres, en este caso mi novia). Había que ver la conferencia en circuito cerrado en el jardín exterior del CCE, donde encontré algunos amigos y gente que aspira a ser escritor y uno que otro desubicado(a). Igual hay que tiritar por el frío y resistir estoicos los bocinazos, y el palta, palta caserita, fierro catre botella.

El tío Vila Matas cuenta sus historias con una frescura envidiable, si hasta parece Mick Jagger luego de un polvo con alguna chiquilla. La conferencia se llama: La teoría de Lyon. Basado en una historia personal que cuenta con presteza e ingenio. Invitado a un simposio de escritores es olvidado por los organizadores y se la pasa en su cuarto de hotel escribiendo (a propósito, Vila le gusta escribir en las mañanas a contrasentido de muchos que gustamos escribir de noche o de madrugada) lo que será la teoría general de la novela del siglo XXI. ¿Cómo será dicha teoría? Ya no importa, pues cuenta que se regresó en tren a Barcelona escapando de estos organizadores olvidadizos, y se fuma el papel con dicha teoría. No recuerdo si dijo haber metido alguna hierba aromática en ese ‘tronchito’.

Algunas ideas interesantes de esa noche a rescatar: La idea del vacío en la vida, eso sensación de que a veces no pasa nada en nuestra existencia, aunque depende de la óptica en que se mire esto. La importancia de Internet en nuestras vidas. Vila ha contado como se metió de lleno en la piscina de las computadoras y de las redes mundiales; y de cómo se la pasaba respondiendo con el hígado a sus detractores en los blogs, ahora lo hace menos pero igual hay varios ‘Vilas’ que siguen con los insultos cruzados, y ya no se sabe quién es quien.

También ha dicho que no hay derecho a que le pirateen a uno en Internet. No sé pero como que en estos días tal vez me baje alguno de sus libros, se me antoja la selección de artículos y ensayos de crítica y viajes “El viajero más lento (1992), y “El traje de los domingos” (1995) o “Para acabar con los números redondos” (1997).

Pero no sabemos si están disponibles por la gracia de algún internauta generoso. Igual anoche contó algunas anécdotas al escribir La asesina ilustrada (1977), Historia abreviada de la literatura portátil (1985), Bartleby y compañía (2000), París no se acaba nunca (2003), y la reciente “Dublinesca”. De donde hay que rescatar eso de que no paraba de bostezar en casa de Paul Auster nada menos. Como para darnos cuenta de que pasan cosas inauditas a veces. Autojoderse es parte de la vida parece.

También ha contado su experiencia con amigos peruanos desde los setenta, en que empieza su carrera de escritor. También la vez que conoció a Julio Ramón Ribeyro, ambos de una timidez sin par dice Vila, por lo que no pasó todo de un choque y fuga. También me ha despertado nostalgia sus historias con Roberto Bolaños.

Como colofón debo reconocer que el presentador de Vila, el escritor Gabriel Ruiz Ortega (mucho gusto), tiene el tono de voz muy parecida a la mía, así toda pausada (como pensando casa sílaba antes de soltar palabra alguna), insulsa, casi hasta aburrida incapaz de florear con éxito a alguna veinteañera. Hay que joderse ni modo.