lunes, 18 de febrero de 2013

La torre y la cabra

En el desierto hay una torre
arriba de la torre está la cabra
los que pasan se preguntan cómo llegó la torre
cómo llegó la cabra

No hay escalas ni yerba entre sus piedras
pero la cabra mira al sol
Ha de estar ciega dicen los que pasan
no es posible
ha de estar muerta

Sola la cabra aguarda la noche
alza una pata
una piedra crece bajo ella
alza otra pata
otra piedra crece bajo ella

La noche esconde hechos simples como estos,
y los desiertos.

Rosella Di Paolo



lunes, 21 de mayo de 2012

Julio Iglesias en Lima: de Quijote a Mío Cid



La noche se asoma con algo de frío, estamos en Lima. Cuatro o cinco mil personas esperan ansiosas al cantante que representa los mejores momentos de sus vidas, Julio Iglesias, ese hombre que ha hecho de sus canciones un ‘artefacto’ suave e íntimo, adornado con una cualidad envidiable de comunicador y un atractivo físico que ha sabido usar en su carrera.

Julio Iglesias está parado en el escenario con puntualidad marcial. Como un mago que saca del sombrero algo para crear una ilusión, muestra su imagen de galán que le ha hecho ganar todo, vender millones de discos, tener las mujeres más hermosas y ser dueño de lo más precioso que un hombre puede tener en la vida, libertad y tiempo para vivir lo que uno quiere vivir.

Pero esa imagen de “Quijote” se ha convertido esa noche en un “Mio Cid” que lucha por no ser desterrado de la ilusión de algunos, pero al final cae vencido. Los años pasan, los años pesan, los años son cadenas que nos arrastran a los cuarteles de invierno.

Llegó más que puntual al Jockey Club. Tengo hambre, y aunque por mi estado de salud no debería de comer grasas devoró el choripán más caro que he pagado en mi vida. Esa noche soy como una foca que necesita grasas para hacer más fuerte su ‘american skin’.

 Mientras espero el concierto imagino la explanada como un descampado donde alguien va iniciar un tiroteo, espero tantos shots para abrir este corazón ilusionado por tantas canciones de Julio Iglesias.

Pero este tiroteo no fue al corazón. Entonces es mejor dejar de lado ese juego de palabras tomado de un titular de un diario inglés: El Chelsee es campeón de la Champions league en un tiroteo de penales.

 Empezó el concierto y Julio Iglesias rompe la noche con Quijote, lo escucho y quedo atónito. La voz que escucho no es la que esperé. Es una voz quebrada, una voz herida, acaso una total desilusión. Saluda a Lima, que en ese momento son esas miles de personas. Nos cuenta que desde hace tres horas está rodeado de médicos, que se ha inyectado cortisona para desinflamar la garganta y que recuerda que su padre (médico) le dijo que nunca lo haga, que ha estado a punto de cancelar el concierto; pero no podía hacer eso porque estaba cerca el Día de las Madres.

Luego de algunas canciones hizo una reflexión especial por el Día de la Madre, basándose en sus historias de amor. Explicó que la mujer es un ser superior al hombre por una sola razón, la de “ser mamá, pues es el amor más profundo que jamás he visto en mi vida”.

De cualquier tormenta los fanáticos o comentaristas son capaces de hacer un cielo azul, por eso me ha generado una sonrisa con sorna al leer por allí un comentario en la web de RPP sobre el concierto de Julio Iglesias; imagino que hay que ser ‘políticamente correcto’, que no estamos para ir a contracorriente.

Este oficio de ser periodista nos roba a veces el alma, pero yo no trabajo para ningún medio y creo este espacio para escapar de esta decepción.

La confesión brutal de este relato tiene que decir que es la primera vez que escucho un pésimo sonido para un concierto. Si Julio Iglesias tenía la voz débil a quien se le ocurre hacer resaltar su voz sobre la música, acaso es un poderoso tenor.

Hubo momentos en que el sonido no llegaba a las últimas filas, era patético. El momento más vergonzoso a mí entender fue durante el tango “A media luz”, el sonido nos mostraba a un Julio Iglesias vencido por una garganta infiel.

Aquella voz aterciopelada de los discos no era más. Julio Iglesias también se daba cuenta que la noche no podía ser peor, una garganta inflamada, un sonido malo, un público frío que no ayudaba, que había que sacarle calidez con cucharitas; era tarde, el Cid había sido desterrado.

En un momento de desesperación Julio Iglesias llama al escenario a ‘Germán’, que imagino debe ser su sonidista, le dice algo fuera de micro. Igual le hace señales con las manos cuando canta. Que le suban el sonido, que los instrumentos deben ser más potentes, que los putos parlantes son chupados por esa inmensidad de espacio abierto, sumados a los cerros surcanos cercanos que juegan en contra.

 La producción estuvo mal allí, y si es verdad que la prueba de sonido se hizo recién a las seis de la tarde, y que el cantante pidió le muevan una torre del costado para instalarlo en medio, jodiéndonos la vista a muchos, estamos todos mal.

Aunque con la voz quebrada hubo momentos en que arrancó del público que este coreara algunas canciones, como por ejemplo la famosa y sencilla de corear “Manuela”. Debo confesar que algunas canciones me hicieron olvidar el mal sonido y canté canciones como “Sweet lord” o “Me olvidé de vivir”.

Pasan las cosas tan rápidamente que uno abre los ojos y ya han sucedido tantas cosas que uno no se las cree. El concierto acaba raspando la hora. Me quedará en el recuerdo a un Iglesias intentando en vano que la gente cante “Un canto a Galicia”, canción poco popular pero de las favoritas del cantante, igual la gente no respondió aunque Julio haya contado la historia de esta canción, es un homenaje a su padre.

 El set list ha estado aceptable, pero igual nunca alcanza el tiempo para cantar tantas canciones que el público espera. Me quede con las ganas de oír “Hey”, “Diré”, “Momentos”, “Todo el amor que te hace falta”, “Por ella”.

Pero han estado presentes sus versiones de clásicos latinos, entre vallenatos y tangos. Debo confesar que cuando era joven (ahora soy un viejo achacoso) no me gustaba la música de Julio Iglesias, y no sé por qué razón desde hace unos cinco años me empezó a gustar y he bajado de internet cuantos discos he podido.

Es un cantante que canta momentos de nuestra existencia, entre tortuosos y felices. Nos canta sobre el amor, ese sentimiento hermoso pero también doloroso. En el recuerdo quedarán anécdotas como el beso con una de las coristas. La frustración de esperar más músicos en escena, acaso una pequeña orquesta, el verbo fluido del cantante que al final representó dos canciones menos por el breve tiempo del concierto.

Habrá que olvidar ese concierto, pensar que nunca existió, que nunca sucedió que Julio Iglesias se despidiera varias veces antes de perder la voz, olvidar que nunca pudo alcanzar las notas altas, que dejaba a sus músicos en escena para ir a trastienda a inyectarse quizás más cortisona o qué sé yo, mientras el saxofonista nos regalaba unos solos memorables.

Al final Julio Iglesias se despidió con “Me va, me va”, antes agradeció a Dios por dejarle terminar el concierto, por darle una voz acaso ‘in extremis’ antes de morir en el escenario.

Un amigo de la oficina me ha contado que Julio Iglesias es un cantante de estudio, un perfeccionista en este espacio, pero ya no está para dar conciertos. No sé se sea así, quiero creer que esa noche jugaron en contra una garganta irritada y un sonido malo. Aunque he visto en Youtube algunos momentos del concierto en Arequipa y dice cosas que me dejan pensando, si sería mal pensado usaría psicología inversa y creería lo que algunos piensan, más no sé.

Igual seguiré escuchando los discos de Julio Iglesias, descargando discos que aún no tengo. Recordando que alguna vez fui al concierto, y que si vuelve a Lima tal vez vaya otra vez, aunque con miedo. Como dice un amigo la gente va a verlo, quieren solo verlo, no entienden de razones, de exigencias, es el fanatismo. Imagino que debe ser así. Luego del concierto me voy decepcionado.

Ese Quijote es ahora un Mío Cid que corre montado en el caballo de la duda. En un día 12 de mayo hay un hombre esperando le devuelvan la ilusión, ese hombre soy yo.

lunes, 2 de abril de 2012

Una conferencia sobre Mario Vargas Llosa

Hace algunos días asistí a una conferencia donde el expositor Alberto Valdivia presentó una ponencia sobre Mario Vargas LLosa con algunos conceptos interesantes. Comparto con ustedes esa velada literaria.

viernes, 23 de marzo de 2012

Festival de orgasmos, Morrisey en Lima… I touch miself




Unos calatos, un travestido, un tío que no deja que coma un sanguchito de pollo, unas vendedoras caletas de Brahma vendiendo chelas a las tribunas; la noche tenía a sus extraños habitantes esperando unas canciones de la conchasumadre, así de categórico. Estaba allí, frente al cantante de esas canciones oscuras de mis días en el colegio.

Solía pensar que algún día llegaría el placer de sentir una sensación parecida a la que esperan los heroinómanos, acaso oquedades racionales y vivir lo que haya que vivir. No tratar de entender y cantar los himnos de tus frustraciones, compartir tu pena con el que está al costado, aunque en verdad estamos solos, la verdad es que esa noche estaba más solo que nunca, pero viviendo una felicidad fugaz.

Empecé a temblar de la emoción, era una situación incontrolable hasta la segunda canción. La primera: “First Of The Gang To Die” parecía cobrarse la vida de aquel tipo que era yo, un solitario en medio de miles de fanáticos de Morrisey. Toda mi humanidad, mi sangre, mis dolores, mis amores, mis odios, fragilidades; era secuestrada por canciones más tristes que los cielos del invierno limeño.

Maldije no haberme arriesgado a traer la puta cámara de fotos, pero tampoco se trataba de pasarme el concierto como un cojudo filmando. Lo que había que hacer era disfrutar de la música.

A mi lado estaba una pareja, era un chico veinteañero saltando y cantando hasta sacarse eso que llevamos dentro hasta que sale como un volcán en erupción, su enamorada también cantaba -en realidad trataba- pero era él, el fan. Así había varias parejas por donde estaba.

Parece que los más acérrimos fanáticos de Morrisey son hombres. Parece, digo. Pero yo estaba solo, como el caballero oscuro de la noche, pero vestido de blanco, porque así salí apurado del trabajo de “inmaculado heladero”.

En un arranque de locura alguien cantó convencido llévame contigo esta noche a cualquier lugar, no importa que nos choque un omnibús de 10 toneladas y nos saque la mierda; “el placer y el privilegio será mío”. Allí, en medio de los diez mil asistentes alguien habría dicho: “Mientras más me ignores más me aferro”, y así éramos todos jodidamente felices a nuestra manera.

Sucedió que esa noche un orgasmo musical se convirtió en un festival, y ese placer es como una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar, a veces nos hace llegar juntos en alguna canción; otras te toca a ti mismo llegar.

En mi caso creo que llegué al paroxismo con la trágica “There is a light that never goes out”, y con “Speedway”. Tal vez habría sido demasiado placer escuchar: “This charming man”, “Bigmouth strikes again”, “Heaven knows Im miserable now”, “Barbarism begins at home”, “Boxers”, “Interlude” o “Suedehead”; canciones ausentes en el concierto y en la gira Sudamericana, pero más vivas que nunca en el recuerdo, y con el sueño intacto de que algún día podríamos escucharlo en una próxima gira. ¿Por qué no?

¿Por qué me gusta la música de Morrisey? Por sus letras oscuras, dramáticas, historias de una vida de mierda cubierta con el más hermoso disfraz lírico; Me gusta también por su performance como showman, por sus ganas de joder con su sarcasmo british, como si el humor negro llegara a las venas a través de sus canciones.

Más de uno habrá esperado que Morrisey dijera: Chile, Chile, o alguna referencia ajena a Lima. Pero no, llegó diciendo que quería cantar en la ciudad de los reyes, y eso era bastante.

Es verdad que siempre extrañaremos la estructura musical que le daba Jhonny Marr a The Smiths, ese sonido envolvente y poderoso que nos hundía para siempre en la atmósfera de los ochenta. Pero ya no existe tal posibilidad y no hay que estar pidiendo imposibles a estas alturas de la noche, de la vida, nada. Caballero, a seguir escuchando las grabaciones de los conciertos en vivo de la época de The Smiths, y disfrutar en el recuerdo lo que Morrisey entregó en su concierto en Lima.

Creo que esa noche del 14 de marzo en el Jockey Club fue y no fue así. Cómo saberlo con certeza luego de esperar tantos años por un ícono de tu mundo musical. Al final hay que vivir ese orgasmo musical, pero como estoy solo I touch miself… o sea un pajazo. De eso se trata al final estas líneas.

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Qué es un fanzine?




Encontrar definiciones de lo que es un fanzine es cuestión de buscar material bibliográfico de manera interdisciplinaria, o para estar a tono con los tiempos en Internet y se acabó el problema.

Una definición sencilla y básica es la siguiente: Un fanzine es una publicación doméstica no comercial, de tirada reducida y reproducida por fotocopiadora (hablar aquí del uso de tecnologías como Internet en la difusión de fanzines es un amplio tema que dejaremos hoy, y nos remitiremos al fanzine impreso, el cual es a mi opinión, el más efectivo y cumple con el requisito de ser underground; aunque seguramente ya estará cerca el día en que con una laptop en la calle podamos agarrar señal de Internet, la que sería como las ondas de radio, gratuita.

Otra característica de los fanzines es su periodicidad irregular, y la no censura, o lo que podríamos llamar la libertad absoluta para expresar lo que sus autores quieran comunicar; desde contenidos artísticos, radicales o improperios de grueso calibre a personas identificadas, partidos políticos etc. Sería interesante ver hoy cómo se desarrolla el mundo underground de los fanzineros chinos, o de algún país con restricciones de libertad. Otra particularidad interesante de los fanzines es su propuesta estética, aquí hay un amplio campo de estudio para la semiótica.

Un rasgo primordial de los fanzines son sus contenidos, los cuales pasan por manifestaciones artísticas (música, poesía, artes plásticas, cine etc), pero es en la veta política donde está, en opinión personal, lo más importante a resaltar del discurso de los fanzines. Aquí podemos hallar amplia información en precedentes impresos como pasquines, panfletos o libelos clandéstinos que se usaron siglos atrás para librar la batalla ideológica en tiempos de dictadura, gobiernos absolutistas, o el virreynato peruano, como fue nuestro caso.

Levantar la voz, es a mi entender, la razón de usar textos impresos como los fanzines. El movimiento fanzinero en la década del 90 fue activo en Lima, así como en las ciudades del interior donde existían grupos underground como grupos de música punk o metal. El movimiento fanzinero ha estado activo en grandes metrópolis, cabe recordar que estos impresos surgen en Europa y en los Estados Unidos en la década del 60, y hay precedentes de su propuesta estética en impresos como comics de la década del 40.

El tema es amplio, para mayores precisiones puede investigarse en libros de contracultura, o irnos a las calles a buscar los fanzines (la distribución de estos impresos se hacía en las calles de manera directa o en puntos conocidos como el Centro de Lima o conciertos de música rock).

miércoles, 2 de marzo de 2011

Carnaval sangriento en Lima


“Por muy inocente que parezca desenvolverse el carnaval en Lima, no puede, con todo, terminar sin sangre. Como se me ha asegurado, cada año ocurren algunos casos fatales. En uno de los suburbios, una indígena compraba carne, en la mañana del tercer día, y se encontraba ocupada en cortar un trozo, cuando un mulato le arrojó por la espalda un cubo de agua en la cabeza. La chola se encontraba de mal humor esa mañana, pues sin voltearse siquiera, le clavó al mulato un cuchillo en el cuerpo, el cual murió pocos minutos después”.

Así describe un día de carnaval en Lima en el siglo XIX, Friedrich Gerstaecker, novelista alemán del género de aventuras muy leído en su tiempo en su país. El texto en mención se titula: “Tres días de carnaval en Lima” (1860), y es recogido del libro “Cuatro viajeros alemanes al Perú”, que reúne comentarios del Perú por cuatro teutones que visitaron el país entre los siglos XVII y XIX, editado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1969, y que tiene a Estuardo Núñez como encargado de la recopilación, revisión y prefacio, y a Ernesto More como traductor del alemán al castellano.

Entonces no queda sino darnos cuenta que los excesos del carnaval en una ciudad como Lima, viene de siglos atrás, como lo demuestra este texto. Esta festividad del año saca la peor parte de nuestra idiosincrasia, sacar ventaja para robar, agredir, burlarse, despilfarrar, matar y todo lo demás. Esto quedo demostrado en estos días cuando el primer domingo de febrero, dos chicas fueron atropelladas por un bus al tratar de huir de unos maleantes que quisieron aprovechar el carnaval para no solo echar agua sino manosearlas. Ya estamos en marzo y estos delincuentes no han sido identificados y el asunto parece haber pasado al olvido por las autoridades.

Estos excesos pasan en las grandes ciudades y en zonas donde lo popular y barrial convive con lo delincuencial. No sé de pueblos en la serranía o en la selva donde se registren hechos con estas características. Así que esas historias de que antaño los carnavales la gente se respetaba y te echaba agua perfumada solo era verdad en zonas con comodidad económica (donde un alto grado de educación era la barrera a los excesos violentos), pues en los barracones de los siglos pasados el carnaval siempre ha rayado en lo violento y el mal gusto.

El texto de Gerstaecker nos cuenta que el carnaval eran días en que se vivía la guerra de los huevazos; pues todo el año se guardaban huevos a los que se les había extraído el interior para llenarlo con agua olorosa -los que tenían dinero-, con agua los indiferentes, y los aviesos con agua de acequia; tapados luego con cera y vendidos por miles. El autor cuenta que tres jóvenes calcularon que ellos usaron alrededor de 1200 en tres días de carnaval. Hay que echar pluma para ver el dinero gastado en un carnaval, y multiplicar por todos los carnavales de su vida.

Otra curiosidad es que aunque estaba prohibido echar agua, y había patrullas a caballo con policías para vigilar se cumpliera esta norma, estos eran los personajes más mojados y no podían hacer mucho pues los huevazos venían de todas partes y de forma anónima, y a estos policías solo les quedaba reír. O sea la falta de respeto a las autoridades venía de atrás. O sea que heredamos lo peor de la idiosincrasia de los españoles que llegaron a invadir el Perú, solo nos queda sino jodernos por los siglos de los siglos.

Como corolario es bueno saber que Friedrich Gerstaecker tiene un relato: “18 meses en América del Sur” (2 volúmenes), donde dedica gran cantidad de páginas sobre la realidad peruana, y también la novela “El señor Águila”, de más de 500 páginas, que es la primera novela escrita por un extranjero sobre la realidad peruana; y que según Estuardo Núñez dice en 1969 en el prólogo del libro no había sido traducida del alemán al castellano.

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿Cuánto cuesta el autógrafo de una estrella de cine?


Un autógrafo es en estos tiempos un trofeo para los fans. Firmarlos es para los actores de cine un precio que tienen que pagar por ser famosos. Pero no todos los famosos lo hacen con una sonrisa, y hay inclusos los que se niegan a hacerlo, por lo que tener un autógrafo de estos actores se ha convertido en un desafío que rinde buenos réditos económicos.

Actores como Tobey Maguire, Joaquin Phoenix, Renée Zellweger, Bruce Willis, Scarlett Johansson o Julie Andrews se encuentran entre los peores entregando autógrafos, según una lista que elaboró la revista Autograph Magazine en el 2007.

¿Pero qué es un autógrafo para un fan? Un recuerdo especial o un negocio, depende de cada fan. Algunos se ha pasado gran parte de su vida coleccionando estas firmas por un afán de gusto y placer emotivo, pero hay de los que prefieren ganar unos dólares por esto.

Estos simbólicos recuerdos tienen un precio que depende del grado de dificultad de conseguirlos; así una firma de Tobey Maguire, el protagonista de Spiderman, puede llegar a superar los 250 dólares, pues el actor encabeza la lista de los que odian dar autógrafos. Un autógrafo de Tom Cruise, fluctúa entre los 95 y los 250 dólares. Un actor que ha escalado en este ranking es el ganador del Oscar Javier Bardem, cuya firma cuesta entre los 60 y los 120 dólares.

Debido a que la afición por los autógrafos crece con fuerza gracias a la facilidad para comerciar con ellos, ha surgido el problema de las falsificaciones por lo que es bueno consultar a algún experto antes de adquirir uno.

Los actores que odian dar autógrafos ponen como excusa argumentos que van desde no entender por qué hay que dar autógrafos, o si firmo a uno tengo que firmarles a todos; por lo que cada vez es más difícil conseguir uno de una verdadera estrella de cine, pues muchos famosos lo consideran algo molesto y porque cada vez hay más gente que los busca.

Pero están también los famosos que firman autógrafos con generosidad.
Entre estos destacan: Matt Damon, George Clooney, John Travolta, Russell Crowe, y el más entregado de todos, Johnny Depp, quien incluso habla algunas palabras con sus fans si es que tiene tiempo. Otro actor de peso que es devoto de sus admiradores es Jack Nicholson, quien suele atender de buen agrado a quienes se le acercan a pedirle un autógrafo durante los partidos de baloncesto de los Lakers de Los Angeles, donde nunca falta.

Existen grandes coleccionistas de autógrafos como el inglés Alan Robinson, quien poseía una histórica colección de al menos 10 mil autógrafos de las estrellas más famosas de Hollywood. Esta colección tiene autógrafos de figuras emblemáticas del cine como la actriz estadounidense Marilyn Monroe, cuya fotografía autografiada fue vendida en 20 mil dólares. Esta colección fue subastado en Londres con un precio base de dos millones de dólares.

No cabe duda que los autógrafos son de alguna forma una extensión de las estrellas de cine, de su mano al papel, son parte de ellos y por eso valen lo que pagan los fanáticos de estos recuerdos.