lunes, 23 de junio de 2008

El fin de la inocencia, 19 años después


Un día de 1996

Con el ánimo relajado y esperando sin mas el almuerzo en el comedor universitario de San Marcos, espero en la cola mi turno de entrar. No recuerdo si estoy leyendo algo mientras, o tan sólo espero con la mente en blanco mientras mis oídos oyen de todo; desde disquisiciones filosóficas sociales hasta los detalles del trasero de moda de alguna Facultad.

Entonces lo escucho, dos estudiantes de Derecho dicen en broma y con lenguaje arrabalero: “terminando la carrera hay que hacer billete, hay que defender narcos, ya que los cojudos se ocupen de los casos perdidos de los muertos de hambre”.

Ya sabemos que hay detrás de una broma y de la casuística de decir sin decir lo que queremos decir. Allí lo tenía ante mis oídos, la vida de los abogados estaba hecha. Ahora me queda sólo recordar el chiste de abogados, el de soltar un gato delante de ellos. Mientras, la inocencia va muriendo.

Junio de 2008

Había un tiempo en que podía ir por la calle abrazado con un amigo sin generar ningún tipo de mal comentario, eran los años maravillosos de la niñez. Había un tiempo en que podíamos confiar en las personas, tal vez porque nuestro mundo era pequeño y los tiempos otros.

Hace algunos días volví por X motivos a la escuela estatal donde estudié la Primaria, hoy llamado Manuel Scorza Torres. Pregunté a algunos estudiantes de esta escuela si sabían quién era Scorza, me respondieron con silencio, sólo uno dijo dudando que fue un escritor.

No sé si algún alumno de esta escuela sabe con certeza que Scorza fue un poeta y novelista peruano nacido en Lima en la década del veinte, y que desde muy joven se dedicó a la lucha política, reivindicando los derechos sociales de los indígenas. Que fue militante del Frente Obrero Campesino Estudiantil Popular (FOCEP), junto Genaro Ledesma.

Probablemente (presumo yo) el colegio toma el nombre de Scorza, luego de su muerte en un accidente aéreo en noviembre de 1983; porque el colegio empezaba a llenarse de maestros sutepistas y había que enarbolar la bandera de los líderes de izquierda, y de pasada ganarnos alguito; pero claro los alumnos de hoy les importa más el regatón que la historia. Y la inocencia sigue convaleciendo.

Encontré al colegio cambiado, no quedaba nada de las aulas de mi niñez, sólo la infraestructura que dejó Fujimori en los noventa; una estética arquitectónica que a mí no me gusta mucho pero en fin. Ya no había la catarata natural de arena de donde nos arrojábamos en caída libre desde unos 20 metros de altura sin temor a dañarnos. Toda esa arena la habían vendido.

Alguna vez en aquella catarata –donde encontrar los caparazones de milenarios caracoles era el pan de cada día- jugamos con chicos del colegio Franco Peruano; cuando había lo que podríamos llamar una pasantía social, no sé si hoy se hacen en algún colegio.

Aquella noche era la fiesta de aniversario del colegio. Sé que las generaciones son distintas y que nos toca a los mayores ‘criticar’ a nuestros sucesores, y a los chicos rebelarse; y no quiero parecer anticuado pero que alumnos de secundaria beban al pie del escenario (donde unos regetoneros de esta escuela hacen lo suyo) libres de la supervisión de los profesores; con el agravante de beber un licor de mala muerte, hasta para los excesos hay que tener estilo.

Algunos chicos rondan por el escenario machete en mano (claro bailaron alguna danza folklórica horas antes), y eso tiene una connotación en un lugar donde la violencia de las pandillas es lo común, además de los chicos que rondan las afueras de la escuela para desatar cualquier bronca.

Si en los Estados Unidos los chicos llevan armas de fuego para llevar a cabo sus matanzas, aquí llevamos machetes. Yo no soy un cucufato y estoy en las antípodas de ser y menos parecer un simpatizante de la tribu de los Amish(*); pero este es el fin de la inocencia en las escuelas.

El fin de la inocencia, 19 años después

En 1989 Don Henley, baterista y cantante de The Eagles, grabó su álbum ‘the end of the innocence’, donde uno de las canciones más exitosas es la que da el título al álbum.

Hacía poco había terminado la Secundaria, y a duras penas había escuchado una que otra canción de The Eagles y sólo una de Don Henley como solista: "Johnny Can't Read" (que más de alguno habrá bailado en alguna fiesta quinceañera de la época), canción que salió a gritos en contra del analfabetismo y que le costó un boicot por los programadores de radio. ¿Analfabetismo en Estados Unidos? ‘Tas webón’.

Escuché la canción en radio Telestereo (88.3 FM), nunca me preocupé por saber de la letra hasta años después, pero la melodía me gustó desde el principio. Luego descubrí que Henley es un inconforme con el sistema, que odia a las compañías de software, también a las abusivas empresas discográficas (en el mundo hay 5 que dominan todo), a los abogados corruptos que visten elegante pero tienen mierda en el corazón, a los Estados naciones corporativas, y cualquier cosa que enarbole la explotación punto com.

El fin de la inocencia narra la historia de unos campesinos de los Estados Unidos que llevaba aún en sus corazones la inocencia, pero serían devorados por el mundo corrupto y desgraciado que sólo le importa ganar dinero cueste lo que cueste.

“Recuerdo cuando los días eran largos y estábamos tirados debajo de un cielo azul profundo, sin tener que cuidarnos del mundo, con papá y mamá sosteniéndonos”; dice el inicio de la canción que luego cuenta como este padre engañado por el cuento de hadas de los abogados (again lawyers), le ocultan lo que dicen las letras minúsculas de los contratos y pierde la única propiedad que tienen en el mundo, la tierra.

”Pero conozco un lugar donde podemos ir el cual no ha sido tocado por los hombres”, “Pero conozco un lugar en donde podemos ir sin tener que limpiarnos de este pecado, todos sentados y mirando las nubes rondar y la hierba ondear en el viento, descansando tu cabeza en la tierra y derramando tu cabello alrededor de mí, no tendrás mejor oferta para tu defensa”; dice parte de la letra.

Con esta sencilla historia el texano Henley armó una gran canción basándose en el puritanismo de un sector gringo de los ochenta. Tiempos donde los republicanos dominaban todo con Reagan y Bush padre (nada ha cambiado). Aquellos días felices sumidos en la inocencia se fueron, de eso trata esta canción, en algún punto de nuestra existencia seremos engañados y descubriremos que Papa Noel no existe.

Si alguno le interesa ver el video de la canción pueden verla en este enlace de youtube http://www.youtube.com/watch?v=ipP3qy-NZKE&feature=related , la letra está al final del texto si la quieren.

Notas

(*) Los Amish
son una agrupación religiosa cristiana de doctrina anabaptista, notable por sus restricciones al uso de algunas tecnologías modernas, tales como los automóviles o la electricidad. Son alrededor de 200.000 personas, principalmente en 22 asentamientos en los Estados Unidos de América y en Ontario, Canadá. Los Amish son un grupo cultural y étnico fuertemente unido, descendiente de inmigrantes predominantemente suizos de habla alemana. Creen literalmente en el Nuevo Testamento y se aíslan del mundo exterior, defienden el pacifismo y la vida sencilla. Visten como en el siglo XVII o XVIII.

Detrás de ‘cámaras’. Esta nota fue escrita mientras se escuchaba las canciones de Henley, y sobretodo The end of the innocence (no sé cuantas veces). Si alguno le interesa tener la canción se la puedo enviar, dejen su mail en el blog.

Agradecimientos. Si llegaron hasta aquí gracias por su tiempo.

Letra

The end of the innocence


Remember when the days were long
And rolled beneath a deep blue sky
Didn't have a care in the world
With mommy and daddy standin' by
But "happily ever after" fails
And we've been posisoned by these fairy tales
The lawyers dwell on small details
Since daddy had to fly
But I know a place where we can go
That's still untouched by men
We'll sit and watch the clouds roll by
And the tall grass waves in the wind
You can lay your head back on the ground
And let your hair fall all around me
Offer up your best defense
But this is the end
This is the end of the innocence
O' beautiful, for spacious skies
But now those skies are threatening
They're beating plowshares into swords
For this tired old man that we elected king
Armchair warriors often fail
And we've been poisoned by these fairy tales
The lawyers clean up all details
Since daddy had to lie
But I know a place where we can go
And wash away this sin
We'll sit and watch the clouds roll by
And the tall grass waves in the wind
Just lay your head back on the ground
And let your hair spill all around me
Offer up your best defense
But this is the end
This is the end of the innocence
Who knows how long this will last
Now we've come so far, so fast
But, somewhere back there in the dust
That same small town in each of us
I need to remember this
So baby give me just one kiss
And let me take a long last look
Before we say goodbye
Just lay your head back on the ground
And let your hair fall all around me
Offer up your best defense
But this is the end
This is the end of the innocence





border="0" alt="Contador">


Contadores Web

martes, 3 de junio de 2008

El homenaje de un ‘borracho’ a San Marcos


Al pensar en San Marcos, la vieja y querida universidad, no puedo evitar recordar que he pasado momentos muy felices y también de los otros; más allá de frustrarme de que nunca aparezca en el ranking de las 500 mejores universidades del mundo. La calidad educativa no la podemos pagar tal vez porque somos lo que somos, un país que tiene gobernantes que aún no pueden hacer de la educación la prioridad del Estado. Entonces nos toca jodernos y consolarnos con la idea de que estudiar en San Marcos es una forma de conocer el Perú, una especie de reality show académico social político, llámenlo como quieran.

Hace algunos días la vieja universidad ha cumplido 457 años de fundación, el 12 de mayo puntualmente. Entonces he querido sin quererlo contar algunas historias acaecidas por esta celebración. Como dice la canción estar en la universidad es una cosa de locos, entonces hay que regodearnos en la locura para que no nos devore la realidad tirana.

Fui a la Casona el jueves 8 de mayo para encontrarme con una amiga y encontré una mini feria del libro por el aniversario de la universidad, había olvidado que se hacían en la Ciudad Universitaria por estos días.

Recorriendo la feria me sentí como un ficticio personaje de un video del grupo español “La Unión”, con más precisión de la canción “Entre flores raras”, (seguramente alguno la ha escuchado en el soundtrack de la película española de 1985 “En penumbra” del director José Luis Lozano, donde Miguel Bosé hace el personaje de un exquisito perverso).

Hay de todo y hay de nada en esta feria. Están presentes casi todos los sellos editoriales de las universidades. Entonces busco ávido el libro que no compré hace más de 10 años y que me arrepiento de ello. No está aquel libro pero hay autores nuevos, algunos interesantes y otros aburridos. Leo las entradas de sus obras, algunas no sé si son novelas o guiones de comedia callejera; pero quien soy para decirlo, hay que hacer lo que hay que hacer para que sepan que existimos. Al final me llevo dos libros con historias y autores de siglos pasados, tal vez porque todo tiempo pasado fue mejor.

Esta es una historia larga y no quiero aburrir a nadie (puedes decirme ahora ‘veste con’ si es que llegaste aquí). Puedo decirles que hubo café gratis y algunas conferencias en la Casona. Una de escritores jóvenes que repetían lo de siempre, con pasajes que por momentos eran de comedia. Otra era la presentación del libro póstumo del desaparecido poeta Pablo Guevara, allí algunos oradores curaron mi insomnio. Estaban en esta mesa André Coyne y algunos personajes más, me pareció curioso entre los ponentes un jugador de rugby hablando de Guevara; creo que fue el mejor de los que oí esa noche, fue al grano y demostró que se puede ser un atleta fornido son sensibilidad poética. Un buen hallazgo el amigo Zacarías Payne, un nativo de Utah.

Asistimos también a la inauguración de la muestra antológica del artista Carlos Estolaza. Y así sin querer queriendo la noche empezó con copas de vino, y el reencuentro con viejos compañeros de la Facultad de Letras. Algunos ya asoman calvicie y la panza de los años maduros, colegas que se han insertado laboralmente en la universidad, mientras otros hacemos el tránsito por la vida como lobos esteparios.

Al final un buen grupo nos fuimos al Queirolo a continuar la tertulia. Atrás quedó atrapado en la tarde la retreta con Polo Campos, con sus cantantes jóvenes y su eterno tema de conversación, ‘soy el hombre con más mujeres que ha tenido el país’.

Antes de llegar a la mesa del grupo de Coyne (el amigo y albacea literario del poeta César Moro). Nos paseamos en distintas mesas con editores y columnistas de diarios de Lima, gente muy divertida y uno que otro con mejor disposición que cuando los conocí años atrás en la redacción de un diario importante de Lima. La verdad es que no hay nada más divertido que estar en medio de unos periodistas borrachos, junto a artistas que se ganan la vida como pueden en esta puta ciudad.

Con el pasar de las horas caímos cual paracaidistas conchudos en el grupo de Coyne, algunos no dejan de tomarse fotos con él como si fuera un animal raro. Entre copas sale la noticia de la liberación de la chica Melisa Patiño, su enamorado presente salta hasta el techo de la emoción y propone ir en caravana hacia la casa de ella en Villa María.

La noche tiene muchas historias, algunas escatológicas (esas me las guardaré por ahora), otras dramáticas, cómicas, de todo hay en esta botica de historias que son los bares de Lima. Todo pasa en esta ciudad.

Esa mañana del 8 de mayo estudiantes sanmarquinos se enfrentaron a la policía en protesta por la pérdida de terrenos de la universidad, para la construcción de las obras del jefe de la banda del SAT, que a veces es alcalde de Lima; como lo llama con tanta gracia César Hildebrandt.

Tal vez lo políticamente correcto hubiera sido contar las historias de personajes egregios de la universidad, o su historia enraizada en la formación de nuestro país y cosas así, pero en San Marcos hay de todo, desde buenos profesionales hasta la más grande escoria, si algo aprendí allí fue a ser crítico; allí o te haces fuerte o te pasan por encima. Todo esto nos estimula a seguir viviendo como somos, animales urbanos de esta ciudad.

Un feliz aniversario a mi vieja universidad, tarde pero sincera. Por último amigo lector si llegó hasta este párrafo es prueba de que es fiel al castigo; y no es obligatorio seguir leyendo pero si le interesa saber del homenaje de nuestro alcalde mimo a la universidad (porque las más de las veces no habla), allí tienen tres párrafos más.

El homenaje del alcalde Castañeda a san Marcos en su aniversario

Muchas veces me he preguntado que hubiera sido del país si no existiera la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Institución que acaba de cumplir 457 años de fundación, y que en estos días se encuentra enfrascada en una pugna por defender sus predios frente al afán cementero del alcalde Castañeda, a quien le importa un rábano el respeto a las instituciones centenarias. Basta oír (las pocas veces que aparece) sus explicaciones dignas de un mercader, y para poner el pecho a las críticas manda a sus esbirros burócratas.

Dice el mimo: ‘Ya está todo avanzado, ya no hay vuelta atrás, los que se oponen son vándalos con intereses políticos’, y toda una sarta de estupideces. Para eso es importante dialogar E INFORMAR y no acordar acciones en medio de la oscuridad, es que acaso creía que los estudiantes se iban a quedar sentados viendo como le quitaban las áreas verdes de su universidad, y claro el rector, ¡Hay el rector! Mejor nos defendía el Chapulín Colorado. Por este tipo de manejos es que la universidad ha perdido predios en Lima, por dejarse sorprender por la acción de los hechos consumados.

Este alcalde que dejó a la ciudad sin la oportunidad de desarrollar de manera sostenida la Bienal de Arte, que se le ocurrió romper las principales vías de Lima al mismo tiempo (ojalá Contraloría se ponga los pantalones y no esté de adorno como las bolas de los árboles navideños) y agregar mayor caos en una ciudad que de por sí convive con este.

Existe la programación para el trabajo a mediano y largo plazo, pero este alcalde ha pensado aquí la hago y me alisto para otra reelección.
Pero aquí no estamos para criticar su gestión, para eso ya nos acordaremos en las elecciones, por mientras ya perdió los votos de muchos sanmarquinos.


border="0" alt="Contador">


Contadores Web

jueves, 24 de abril de 2008

El otro Job


“¿Por qué me has tomado como blanco de tus golpes? ¿En qué te molesto? ¿No puedes soportar mi falta y hacer la vista gorda ante mi pecado? Porque pronto me voy a acostar en el polvo y cuando me busques, ya no existiré”.
Job Cap. 7, 20 – 21

La mayoría de los creyentes cristianos tiene una imagen de Job, aquel personaje bíblico, como la de un hombre de infinita paciencia y resignado a la voluntad de un Dios severo que lleva a la más extrema miseria a un hombre para probar la fe de éste.

Pero, Job es también el símbolo de la osadía, ya que no se postra ante Dios como un cualquier siervo, sino que es conciente de su dignidad ante él y le pide explicaciones.

Job se queja del Dios inaccesible, y este reclamo nos recuerda los roces que hay entre los seres que se aman, y porque hay amor se muestran exigentes uno del otro. Este libro de la Biblia pondera las grandes preguntas de la condición humana; ya que Job, a través de su vida, hace una reflexión de la condición humana. La vida es corta y de sufrimientos numerosos.

A diferencia del Eclesiastés, que acepta tal condición, Job anhela un Dios que se despoje por un momento de su naturaleza divina para conversar con él. Acaso algo parecido a la condición de los dioses griegos y los mortales.

Job nace de un relato popular que se condensa en los dos primeros capítulos del libro, un hombre que Dios pone a prueba, quitándole todo, pero a pesar de todo se mantiene fiel, y Dios le devuelve todo con creces; parece una moraleja que lo presenta como algo simple. Luego un autor, del cual se desconoce su identidad, vuelve sobre el tema. Con diálogos a partir del capítulo tres, allí vemos a otro Job, uno que denuncia la condición humana, y tres de sus amigos le responden con la sabiduría tradicional.

Pero Job se opone a estos tres sabios que pretenden justificar a Dios olvidando la realidad. “¿Cómo defender a Dios con argumentos falsos y justificarlos con mentiras?” (Cap. 13, 7). Job acusa a jehová por callar ante el dolor humano (24,1). Pocos se han enfrentado así, y en eso consiste la osadía de Job, pero siempre sin apartarse de su fe.

Job es un hombre de la tierra de Us, pueblo que no pertenece a Dios y que desconoce a los profetas y a Moisés. Esta peculiaridad es interesante, ya que el paradigma de la fidelidad y sinceramiento viene de un pueblo no creyente.
Las denuncias de Job son una manera de llamar a Dios con la intensidad de una esperanza insatisfecha, y por ello él se manifiesta ante este sinceramiento. Job encarna la búsqueda del hombre de un Dios vivo. Busca respuestas tangibles y no silencios místicos.

Entonces, el Job sumiso desvirtúa la esencia del verdadero Job, osadía y sinceridad en su fe. ¿Pero cuántos conocen a este personaje? ¿Qué Job ha llenado el imaginario de un pueblo que no investiga en su propia Biblia? Este es un libro fascinante y de una prosa depurada, más allá de ser un libro religioso.

Es una obra que puede llevarnos al placer inefable de la lectura, más allá de desarrollar toda la filosofía cristiana. Ya lo dijo Fedor Dostoievski: “Estoy leyendo el libro de Job y me produce un extraño éxtasis. Dejé el libro a un lado y estuve paseando como un león enjaulado durante horas, casi sin poder contener las lágrimas”. Fue esta cita la que me empujo a leer el libro de Job, al igual que Borges reconociendo la belleza del Eclesiastés.

Por eso no hay que temer sumergirnos en las aguas del libro de Job, eso lo saben los lectores que se abren a toda clase de lecturas, porque nadie puede ahogarse en medio de una prosa hecha con la filigrana de la poesía, más allá de ser creyentes o no, yo por ejemplo no lo soy.

lunes, 7 de abril de 2008

El efímero paseo de un pescado frito punkeke


Sábado en la noche. Un olor a pescado frito se cuela entre nuestras narices, primero sutil y luego descarado, se mete zigzagueante con la rapidez de una lagartija huidiza; los que alguna vez de niños hemos corrido detrás de una sabemos lo difícil que es cazarlas con las manos. No sé de donde vino aquel olor y no lo sabré nunca.

En la plazoleta había algo más de treinta personas. Mis adolescentes primas C y A me han traído para ver no sé que. Estoy allí con la esperanza de encontrar algo que me saque de la modorra estival. Lo que encuentro es un grupo de jóvenes, que en el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), tratan de construir un acto cultural en medio de una plaza villamariana llena de soledad.

Trato de tomarme todo a la broma, y no hago más que desarrollar mi faceta de comediante con mis primas, ellas se enojan de todo y suponen que hay que ponerse serio antes de echarse a pogear (esta juventud carga con el peso de los emos, o sea están jodidos).

Me pregunto si esos chicos están allí para matarse en el escenario, ¿qué los separa para conectarse con la gente?, que en su mayoría se han acercado con el afán de observar qué es aquello que rompe el silencio de la plazoleta. Es difícil gustarle a la mayoría y hay que contentarse que sólo a cuatro gatos les gusta la música que empiezan a tocar, en cierta forma es heroico pararse frente a un público anodino.

La noche es una mezcla de errores, por un momento pienso que a estos chicos les falta malicia para hacerse escuchar, acaso pararse frente al público al estilo del grupo M.A.S.A.C.R.E. desafiantes por lo menos. Por momentos parece una comedia de situaciones, el equipo de sonido que se apaga en medio de la canción de una chica que ha venido desde El Agustino, y que por momentos me recuerda a alguien; entonces prefiero ir a comer algo para sacarme de la cabeza a ese demonio que alguna vez alegraba mis mañanas rumbo al trabajo en la 73.

Mis primas y yo regresamos luego de comer unas hamburguesas. De nuevo ante los chicos del escenario. Pienso que no importa clasificar la música que hacen, acaso alguno de los ‘sapos’ que están allí sabría decir que lo que escuchan es rock gótico, hardcore metal, rock industrial, post industrial, hardcore techno, rapadelia etc. Cualquier canción que toquen a su estilo es buena para matar la nostalgia del nocturno sábado.

Estamos lejos de saltar como en los conciertos de Lucybell, o de Manolo García, pero es loable lo que los chicos hacen, hacer escuchar sus voces en medio del gentío que no entiende ni mierda y que tal vez no saben que la cultura musical va más allá de lo que los canales de televisión nos venden de manera desfachatada. Algunos grupos de esa noche: Exiliados, Eukades (los de la foto, cuyo cantante tuvo la particularidad de cantar de espalda al público).

Además del concierto de música había una muestra de pintura, instalación, a cargo de algunos chicos de la Escuela de Bellas Artes de Lima, Huancayo, Ayacucho, y uno que otro artista autodidacta, según propia confesión. Todo al aire libre, aquí no hay espacio para ensoñaciones de un Museo Guggenheim; no hay que olvidar que estamos en un distrito pobre del Cono Sur de Lima, pero al arte no le importa, está donde quiere estar.

Miro todo con la rigurosidad de un ex periodista cultural de un diario limeño. Claro está que en la muestra no hay innovaciones, como en su momento lo hicieran con el arte pop Roy Lichtenstein, o Andy Warhol, no hay el dramatismo iconográfico de Francis Bacon; aquí hay otro tipo de dramatismo, acaso uno que tiene que ver con el desconocimiento.

Las obras de los artistas muestran una fuerte individualidad, hay un minimalismo extraño, acaso de subsistencia, expresarse con lo que hay a mano; quizás porque del otro lado –el público- sólo hay vacío, y no sé que es peor, si la carencia económica de los artistas o la ignorancia.

Tal vez lo interesante es ver la reacción del público, los miro y escudriño cada gesto de sus rostros; creo que hay una impotencia que muere en silencio que ni ellos mismos se enteran de su existencia, la impotencia de haber pasado tantos años en el colegio y no haber cultivado su espíritu para apreciar todas las artes del hombre.

En esta muestra los cuadros están lejos de mis gustos pero no importa, las instalaciones están lejos de los desarrollos conceptuales de artistas de la talla de Carlos Runcie Tanaka, Emilio Rodríguez Larraín, o más lejos aún Marcel Duchamp, y si estamos con ganas de joder de Nam June Paik.

Pero lo que diga no importa, lo importante es la quijotesca intención de conquistar espacios no tradicionales para el arte ‘oficial’. No hay espacio para museos de arte contemporáneo en los pueblos jóvenes, entonces hay que tomar lo que se pueda, calles, plazas, mercados, lo que haya; y eso es lo que han hecho esos chicos anónimos.

Como diría una gran maestra de la escultura en nuestro país del siglo XX, la desaparecida Anna Maccagno: ‘La idea é buona, ma no te ha salido’. Pero que ‘chu’ importa, lo importante es que estos chicos anónimos lo intentan siempre, acercar su forma de expresión al pueblo.

jueves, 3 de abril de 2008

Entre Cioran y Salinger olvidé trabajar


Miércoles por la tarde. Hace horas que trato de organizarme y terminar un informe pero es inútil, me paso revisando libros que nada tienen que ver con el trabajo. Recuerdo vagamente las aburridas leguleyadas de Nakasaki contra Jara, entonces dejo de ver la televisión, y releo (no sé por cuanta vez) el cuento de Salinger, ‘El día perfecto para el pez plátano’.

El cuento está en formato digital y trato de compararlo mentalmente con el que leí en la universidad, un libro de edición cubana de la década del sesenta. Hay algo que no concuerda con el juego de palabras de ‘Seymour Glass’, o es que mi memoria trata de salvarme de ser también un pez platano a punto de ser engullido por este mundo de mierda; y trata de confundir mis recuerdos.

Abro un libro de Ciorán (también en formato digital), ‘Breviario de pobredumbre’ (1949), y reviso otra vez las ideas de este hombre inclasificable; leo y me duele algo, no sé que es. La verdad es y no es cuando la sencillez sobrepasa al caos de este mundo. El soundtrack de esta historia que está por terminar es, ‘Religión’; encontré por fin el disco que se me había perdido y me hundo en esas letras que nos hablan de mundos inasibles que solo son tangibles cuando estamos a punto de irnos. Otra vez la coordenada del pez plátano se cuela, y recuerdo que ayer me enteré que el grupo se reunión en España después de 20 años. ¿Vendrán a Perú?

Acabo de leer el capítulo del libro de Ciorán, ‘El parásito de los poetas’, y quiero compartir con los que quieran leer estas reflexiones. No hay salida para los poetas, lamento decir que estamos jodidos para los que tenemos que terminar informes cuando lo que importa es lo ‘otro’, ¿qué es lo otro? Vaya uno a saber.

El parásito de los poetas

I. No puede haber desenlace para la vida de un poeta. Todo lo que no ha emprendido, todos los instantes alimentados con lo inaccesible, le dan su poder. ¿Experimenta el inconveniente de existir? Entonces su facultad de expresión se reafirma, su aliento se dilata.

Una biografía sólo es legítima si hace evidente la elasticidad de un destino, la suma de variantes que comporta. Pero el poeta sigue una línea de fatalidad cuyo rigor nada flexibiliza. La vida les toca en suerte a los filisteos; y para suplir la que no han tenido se han inventado las biografías de los poetas...

La poesía expresa la esencia de lo que no podríamos poseer; su significación última: la imposibilidad de toda «actualidad». La alegría no es un sentimiento poético. (Proviene, sin embargo, de un sector del universo lírico donde el azar reúne, en un mismo haz, las llamas y las estupideces.) ¿Se ha visto alguna vez un canto de esperanza que no inspirase una sensación de malestar, incluso de repulsión? Y ¿cómo cantar una presencia cuando incluso lo posible está manchado por una sombra de vulgaridad? Entre la poesía y la esperanza, la incompatibilidad es completa; de este modo el poeta es víctima de una ardiente descomposición. ¿Quién se atrevería a preguntarle cómo ha experimentado la vida, cuando ha vivido gracias a la muerte? Cuando sucumbe a la tentación de felicidad, pertenece a la comedia... Pero si, por el contrario, de sus llagas brotan llamaradas, y canta a la felicidad esa incandescencia voluptuosa de la desdicha se sustrae al matiz de vulgaridad inherente a todo acento positivo. Es Hölderlin refugiándose en una Grecia soñada y transfigurando el amor en embriagueces más puras, en las de la irrealidad...

El poeta sería un tránsfuga odioso de la realidad si en su huida no llevase consigo su desdicha. Al contrario del místico o el sabio, no sabría escapar a sí mismo ni evadirse del centro de su propia obsesión: incluso sus éxtasis son incurables, y signos premonitorios de desastres. Inapto para salvarse, para él todo es posible, salvo su vida...

II. En esto reconozco a un verdadero poeta: frecuentándole, viviendo largo tiempo en la intimidad de su obra, algo se modifica en mí: no tanto mis inclinaciones o mis gustos como mi misma sangre, como si una dolencia sutil se hubiera introducido en ella para alterar su curso, su espesor y su calidad. Valéry o Stefan George nos dejan allí donde les abordamos, o nos vuelven más exigentes en el plano formal del espíritu: son genios de los que no sentimos necesidad, sólo son artistas. Pero un Shelley, pero un Baudelaire, pero un Rilke intervienen en lo más profundo de nuestro organismo, que se los apropia como lo haría con un vicio.

En su proximidad, un cuerpo se fortifica, y luego se ablanda y se desagrega. Pues el poeta es un agente de destrucción, un virus, una enfermedad disfrazada y el peligro más grave, aunque maravillosamente impreciso, para nuestros glóbulos rojos. ¿Vivir en su territorio? Es sentir adelgazarse la sangre, es soñar un paraíso de la anemia, y oír, en las venas, el fluir de las lágrimas...

III. Mientras que el verso lo permite todo, y en él podéis verter lágrimas, vergüenzas, éxtasis y sobre todo quejas, la prosa os prohíbe expansionaros o lamentaros: repugna a su abstracción convencional. Exige otras verdades: controlables, deducidas, mesuradas. Pero, ¿y si se robasen las de la poesía; si se saquease su tema, y si uno se atreviese a tanto como los poetas? ¿Por qué no insinuar en el discurso nuestras indecencias, nuestras humillaciones, nuestras muecas y nuestros suspiros? ¿Por qué no estar descompuesto, podrido, ser cadáver, ángel o Satán en el lenguaje de lo vulgar, y traicionar patéticamente tantos aéreos y siniestros vuelos?

Mucho mejor que en la escuela de los filósofos, es en la de los poetas en la que se aprende el valor de la inteligencia y la audacia de ser uno mismo. Sus «afirmaciones» hacen palidecer los apotegmas más extrañamente impertinentes de los antiguos sofistas. Nadie las adopta: ¿hubo jamás un solo pensador que fuese tan lejos como Baudelaire o que se atreviese a transformar en sistema una fulguración de Lear o un monólogo de Hamlet? Quizá Nietzsche antes de su fin, pero, ay, se obstinaba aún en sus estribillos de profeta... ¿Buscaremos del lado de los santos? Ciertos frenesíes de Teresa de Avila o de Ángeles de Foligno... Pero se encuentra demasiado a menudo a Dios, ese sinsentido consolador que, apuntalando su valor, disminuye su calidad. Pasearse sin convicciones y solo no es propio de un hombre, ni siquiera de un santo; a veces, sin embargo, lo es de un poeta...

Imagino a un pensador exclamando en un movimiento de orgullo: «¡Me gustaría que un poeta se fabricase un destino con mis pensamientos!». Pero para que su aspiración fuese legítima, haría falta que él mismo frecuentase largo tiempo a los poetas, que sacase de ellos delicias de maldición, y que les devolviese, abstracta y acabada, la imagen de sus propias caídas o de sus propios delirios; haría falta sobre todo que sucumbiese en el umbral del canto, e, himno vivo más allá de la inspiración, que conociese el pesar de no ser poeta, de no estar iniciado en la «ciencia de las lágrimas», en los azotes del corazón, en las orgías formales, en las inmortalidades del instante...

...Muchas veces he soñado con un monstruo melancólico y erudito, versado en todos los idiomas, íntimo de todos los versos y de todas las almas y que errase por el mundo para nutrirse de venenos, de fervores, de éxtasis, a través de las Persias, las Chinas, las Indias muertas, y las Europas moribundas, muchas veces he soñado con un amigo de los poetas que los hubiese conocido a todos por desesperación de no ser de los suyos.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Ocho manos en el bar de don Lucho en Quilca


No tengo aviones para el ojo izquierdo
desliz de sonido parpadea sentido
y se rompe como el silencio en la lluvia
entonces cada pieza empieza en tus dedos y sonríe la partitura
la yerba es yesca esta noche
y tu cuerpo se centra en tu ombligo
y se pierde el silencio entre barcos ultracromáticos hacia las antípodas
de luz un océano hemisferio nuestro

lunes, 3 de marzo de 2008

Radiografía de una generación jodida


Había pensado empezar a contar esta historia soltando mis ajos y cebollas por las vicisitudes por las que pasamos un grupo de amigos, reunir a los compañeros de la promoción del colegio luego de 20 años; pero luego pensé que había que ver las cosas con ojos de observador social, de ‘ociociólogo’ como dicen. Pero me había dado vueltas el espíritu del ensayo de Manuel González Prada, “Nuestros magistrados”, y decapitar con la pluma a mis amigos queridos del colegio.

Parece extraño pero repetimos conductas sociales en sencillas acciones de nuestra vida diaria (oh que gran descubrimiento), desde la apatía, la puñalada, la ayuda, el compromiso, la exigencia, la burla mansa. Como si fuéramos marketeros políticos en campaña había que pelear con distintos escenarios posibles, al final hay que asumir que nuestra idiosincrasia es complicada; no hay otra que joderse en la peruanidad (se me viene a la mente esa trillada frase, el peor enemigo de un peruano es otro peruano).

Días antes chateando con una amiga sanmarquina le contaba de algunas actitudes que había encontrado para organizar este reencuentro, ella respondió que siempre pasan estas cosas, el cargamontón a los que asumen responsabilidades. En un momento de calentura le dije a esta amiga (conociendo mis arranques venáticos) que en medio de la fiesta iba a mandar a la mierda ciertas actitudes, o a estas mismas personas (pero no fueron a la fiesta). Afortunadamente todo quedo en una cólera pasajera, ¿por qué?, porque al final la calidez peruana es más grande que todos sus problemas.

Habíamos pensado que el concepto para la fiesta debía ser una estética ochentera, pero eso era imposible; esas fiestas temáticas no caben para nosotros (así me dijo un amigo, ‘tú y tus cojudeces’). Somos tantos y todos distintos (como nuestro país), nunca nos íbamos a poner de acuerdo; será por eso que hay tantos partidos políticos en el Perú.

Todo nació de la nada, conversando semanas atrás con mi amigo R. Sin darnos cuenta el tiempo había pasado y ya era hora de reencontrarnos con los amigos del colegio, para saber en qué va cada uno. Desde el principio quedó claro que sería una reunión práctica, sin despliegue de ostentación porque éramos dos y luego tres los que nos echaríamos al hombro la organización y el financiamiento de todo.

Manos a la obra consistía en buscar un lugar para la reunión, la cual conseguimos gracias a la ayuda de una compañera, luego venía hacer la lista de compañeros (de los que nos acordábamos); hay que precisar que nos tocó estudiar la Secundaria en una época donde el terrorismo era el pan de cada día, y teníamos de presidente a Alan García, sólo con esas dos cosas teníamos de sobra para llevar el estigma de ser una generación jodida, en todos los sentidos posibles.

Estudiamos en un colegio de la red de Fe y Alegría. Nunca hubo la foto oficial de promoción, ni anuario, ni fiesta, ni viaje; pero había colas para comprar azúcar, apagones, falta de agua, y rezar para no encontrarse con alguna bomba por allí (desgraciadamente un compañero sufrió las consecuencias de la insania de Sendero Luminoso). No nos quejamos del colegio, al menos yo no (siempre que puedo compro las rifas del colegio porque devuelvo en algo lo que el colegio me dio).

Cosas que nos encontramos en el camino

Haciendo ejercicio exhaustivo de la memoria hicimos una lista de unos setenta compañeros (éramos aproximadamente 90), pero la memoria no daba para más. Luego venía la tarea de ir a buscarlos, había que caminar mucho e ir por lugares que no visitábamos hacía años, algunos nos miraban con asombro (casi todos casados). Algunos seguían en el camino a la destrucción (drogas), otros habían viajado al extranjero, de algunos nadie quiso dar información (hubo una casa donde nos atendieron con la puerta cerrada, pensarían que seríamos asaltarles o algo así, gajes del cartero supongo).

Imaginaba contar estos hechos teniendo en la cabeza aquellas escenas del filme “Cuentos inmorales” (1978), experimento de largometraje por episodios, en que cuatro directores mostraron facetas de Lima vistas a través de historias ambientadas en diferentes sectores de Lima, donde Francisco Lombardi presenta “los amigos”, donde narra el reencuentro de tres o cuatro amigos del colegio luego de muchos años, que empieza en una cantina y termina en un prostíbulo (pasando por una serie de situaciones tragicómicas).

Uno de mis amigos me ‘conminó’ a que debía ir a cada casa hasta encontrar personalmente al compañero, aunque eso significara ir tres o cuatro veces, para él no era suficiente dejar la tarjeta a un familiar; yo me decía a mí mismo no era suficiente el tiempo que había invertido, caminar cuadras de cuadras, ir a reuniones preparatorias; cuando lo más valioso que tenemos ahora es el tiempo, al menos para mí. Hice lo que debía hacer con este ‘amigo’, mandar al carajo sus consejos y de pasada a él. Y así seguimos con los preparativos. No hubo orquesta, pero no estuvo mal vernos, bailar y beber hasta el día siguiente.

La noche de ese sábado había transcurrido como suelen transcurrir, las largas charlas de cómo nos trataba la vida, las bromas, los hijos, los matrimonios, los divorcios, los emprendedores empresarios, los ‘perros del hortelano’ (que en todos lados están), los mil oficios, los ausentes (fallecidos), los exitosos profesionales, las conversaciones secretas para contarse las últimas aventuras amatorias etc.

Al final asistió casi la tercera parte de la promoción (acaso el tercio superior tonero). En la fiesta vinieron en un momento las palabras de cada uno (menos mal breve y no como las largas peroratas de los políticos de alcantarilla que existen por aquí). A mi turno no sé si fui aguafiestas al decir que debíamos tener mayor organización con miras a las bodas de plata, pues todos o casi todos dijeron que hagamos esta fiesta cada año; pero sabemos que las buenas intenciones son sólo eso.

Vino como no, las fotos y el bailongo; conversé con todos los grupos sin preocupaciones especiales, sin desaliento ni desesperanza por no haber logrado que vinieran todos, creo que somos los que somos y nada más. Con el paso del tiempo veo que las heridas y los malos entendidos no cierran. Gente que vive tan cerca no vino o no quiso venir, gente que no quiere confrontarse con el pasado y prefiere el perfil bajo, gente atrapada en la vorágine del día a día (cría cuervos y te sacarán los ojos, esto va para los hijos adolescentes que tienen algunos), y por allí uno que otro que espera que todo salga mal para jodernos la fiesta, porque como anda jodido él quieren que todos lo estén.

Como vemos somos parte de una generación jodida que vivió la insania de grupos terroristas, un presidente nefasto (para cerrar el ciclo está otra vez en el poder, es que el loco no es él sino los que lo eligieron, y no soy humanista ni de partido alguno porsiacaso, tampoco apolítico); vivimos el colegio sin celulares, Internet, ni nada de lo que hoy nos parece normal cuando antes ni lo soñábamos.

Para cerrar repito la calidez peruana es más grande que todos sus problemas. Como corolario sí hubo música de los ochenta, y como no podemos escapar de las fauces del Grupo 5 y demás parafernalia cumbiambera también estuvieron, no faltaron los huaynos y algo de música de la selva (eso recuerdo, en fin como estaba ebrio). Me queda como tarea para una fiesta personal bailar remixes ochenteros (que no puedo con mis ganas de tonear con algo discotequero).

Post data

Al día siguiente varios se fueron ebrios manejando sus autos, pero no hubo problemas. De moraleja nos queda si bebes no manejes y si vas a beber lleva tu chofer pe’.