viernes, 21 de agosto de 2009

miércoles, 19 de agosto de 2009

Maneras de hacerle perder el tiempo a uno

Lunes 10 de agosto, 11:15 de la mañana. Llego presuroso a la oficina de la SUNAT de Higuereta. No sé porque creí que yendo a esa hora y habiendo pasado marzo y abril, meses en que todos vamos a la SUNAT a declarar nuestros impuestos y demás yerbas contables.

De sopetón me recibe un larga cola de algo más de cien personas, dentro del local hay más. Maldita sea nunca podré ganar tiempo a estas interminables colas.

Haciendo cola no puedo evitar a un orador evangélico que quiere sacarle el jugo al tiempo de su ‘público cautivo’ (no es broma, eso pasó). Afortunadamente a los pocos minutos es sacado por el policía que cuida esta oficina.

Logro entrar. De saque sólo me dan un ticket de atención para un solo trámite y no dos como quería. Reboto de mi primera consulta y hay que volver a hacer la cola dentro del local y volver a esperar a que me atiendan. Mientras, el tiempo me va ganando.

Hay cosas que uno debe hacer en persona, pero no sé si me tomaría más tiempo dando una carta poder a un tercero para que las haga por mí. Si fuera un tipo especializado en el lenguaje de la SUNAT tal vez habría podrido hacer todo esto vía Internet, pero por más que lo intenté quedé condenado a ir personalmente.

Para colmo no hay un baño para el público. Además de perder tiempo mi pobre vejiga paga las consecuencias. Una hora y 20 minutos después termina todo este papeleo.

¿Qué trámite hice? Presentar una queja formal ante la Defensoría del Contribuyente de la SUNAT por un exceso de demora en una respuesta a la solicitud de devolución de pago en exceso de la renta de cuarta categoría de años atrás; en cristiano, DEVUÉLVANME MI PLATA.

Se suponía eran 45 días útiles a partir del 2 de abril y nada hasta ahora. En la Defensoría me han dicho vía teléfono que tal vez la primera semana de setiembre atiendan mi reclamo (no tienen el personal suficiente dicen).

No tengo mucho tiempo libre. Ojalá las cosas fueran más rápidas o fáciles, o alguien se ocupara de estos menesteres por uno.

¿Y a ti cómo te han hecho perder el tiempo este tipos de trámites?

jueves, 25 de junio de 2009

Por favor ayúdame a encontrar esto


A veces uno no puedo con la soledad y nos da por recordar episodios de nuestra vida pasada, recuerdos que andan atrapados en algún lugar de la memoria resistiendo ser enterrado por el olvido. Entonces nos decimos a nosotros mismo vayamos a ese encuentro, aunque sea despacio, por eso que un día llenó nuestra infancia de historias en imágenes en blanco y negro.

Alguna vez antes de cumplir los 10 años miré una película en la televisión, creo que por Panamericana TV. Estoy casi seguro al 99% que uno de los papeles protagónicos de un triángulo dramático sino romántico, lo interpretaba uno de los mejores actores del cine norteamericano, Lee Marvin.

He revisado cuento he podido la filmografía de Marvin pero no doy con el filme, puede ser que también no sea él (siempre ese 1% juega en contra); y entonces hay que esperar que por causa de la casualidad alguna vez encuentre lo que busco.

El filme era una historia trágica, tal vez una del cine negro de los cincuenta o inicios de los sesenta. Se trataba de dos hombres y una mujer que desarrollan una historia de intrigas en una pequeña ciudad de entorno rural. Allí un extraño llega al pueblo y conoce a la hija de un granjero (o algo así), nace un amor que se enfrenta a los celos y maldad de un oscuro trabajador de la granja -Lee Marvin- que también está enamorado de esta mujer. Los amantes huyen a una ciudad grande, y he aquí la escena que me ha dejado un recuerdo indeleble. Una noche de fuerte lluvia ella sale a buscar a su amante y se enferma gravemente de neumonía, y termina muriendo en los brazos de él; antes de eso hubo una pelea por un malentendido y por eso ella sale en plena lluvia a impedir algo que no recuerdo qué es. Una historia de amor que termina con la muerte de uno de los amantes.

Para mí ha sido un descubrimiento que Lee Marvin (1924-1987), actor conocido por sus interpretaciones de personajes duros y violentos, haya formado parte de esta historia de amor desgraciado.

Si alguno sabe de esta película y puede ayudarme le agradecería mucho me ayude. Ya no tengo el vetusto cajón de madera de mi televisor en blanco y negro, pero tengo intacto mis ojos de niño asombrado con una historia trágica. Ojalá Panamericana TV la pase ahora que anda estos días transmitiendo repeticiones y maratones de Popeye.

De encontrarla de seguro que la veré bien acompañado (o sea solo), con algo de vino (si es que hay) y con un previo musical entre Nat king Cole y Billie Holiday (para estar a tono entre tanta desgracia).

Si pueden ayudarme, gracias.

miércoles, 24 de junio de 2009

Dígame licenciado


Uno termina de estudiar la carrera en la universidad y entonces empieza a proyectarse en licenciaturas, maestrías y doctorados. Eso les pasa a algunos, otros siguen su camino post universidad a punta de machetazos abriendo camino como los que se adentran a una selva inextricable, en este caso la jungla del mundo laboral.

Cruzar la ciudad se hace cada vez un mayor martirio, pero debía ir a San Marcos el jueves 18 de junio. Aunque pensemos que ganamos tiempo si madrugamos en realidad cruzamos un aparente silencio, pero nunca le ganamos al tráfico que nos apuñala las ganas de vencer al tiempo. Tal vez en otras ciudades del mundo esta batalla la ganaría el que madruga, pero en Lima eso no pasa.

Mi entrañable amigo I va a sustentar su tesis de licenciatura en la Escuela de Comunicación Social de San Marcos. El tema a tratar es el uso de Internet en la campaña de comunicación estratégica de una entidad del Estado. Algunas horas después de sustentar (en un taxi por la Costa Verde cruzando la ciudad otra vez) me cuenta que empezó esta aventura por licenciarse desde hace nueve años.

Me pregunto por qué realizar algunos trámites burocráticos tardan más que estudiar la misma carrera. Algunos pierden la lucha por licenciarse, en mi escuela somos muchos. Pero también están los que lo hacen apenas terminan la carrera. He visto un caso hace diez años donde la presentación era muy pobre, hoy con algunos años de experiencia puedo decir que esa sustentación fue casi vergonzosa académicamente; pero el poder de las buenas formas y el vino escanciado generosamente, además de los canapés y la presión de las graderías formado por amigos inexpertos y familiares, nunca falla para que el jurado entregue el dichoso título.

Más allá de mi ‘sudamericana curiosidad’ estaba en esa sustentación de tesis por un tema de amistad con mi amigo I, y también por un interés académico profesional. “Ahora vamos a ver tu show en el cuarto de un hotel frente al mar, lee mis labios karaoke como un rey convénceme, convénceme, convénceme…”; se me viene a la mente esta parte de la letra de Karaoke, la canción de Gustavo Cerati, para creer que así se encuentra la mente del jurado, con ganas de que los convenzan. Pero “el descaro baby es parte de la diversión” pienso yo (parafraseando la canción, es más para mí no es cierto eso de que “no te alcanza con improvisar…”).

No quisiera contar los contratiempos que tuvo que pasar I para por fin sustentar, esta era la segunda vez que lo intentaba, la primera vez no pudo hacerlo porque la universidad fue tomada por los alumnos, pues coincidía con el paro nacional en solidaridad por los hechos acaecidos en Bagua. El jueves 18 a las 10 de la mañana otro contratiempo amenazaba suspender otra vez, a menos que esperemos hasta la tarde, y así se hizo. Uno no puede pedir permiso cada rato en el trabajo para decir que va sustentar su tesis, dónde está la seriedad de esta universidad dirían. Es que hay personas que no saben como funcionan algunas cosas en San Marcos. No digo más para no darle con más palo a mi querida casa de estudios.

La sustentación se llevó a cabo con el mínimo requerido de participantes, parecía un juicio sumario de alguna película con tintes kafkianos (no sé porque se me vino a la mente la novela El Proceso, la parte en que el personaje principal -Josef K.- va a buscar al juez a los juzgados, en fin lean y ahórrenme contar más).

La presentación fue buena, aunque en realidad uno espera que el jurado le saque al fresco al alumno con un interrogatorio estricto (quién sabe si le dedicaron el tiempo justo en leer las cientos de páginas de la tesis); me quedé con las ganas de ver a I paseándose con las respuestas; yo que le he visto trabajar convenciendo de estrategias a personas como ex ministros y personalidades del país, y no es que sea ‘patero’ pero uno sabe el potencial de las personas con las que ha trabajado.

Luego de algunos minutos la voz grave del presidente del jurado dice con parsimonia, “señor… desde este momento es usted licenciado…”; yo completo la frase en mi mente con la consabida: “Desde hoy es licenciado por la causa y voluntad general de los pueblos que Dios defiende…”.

La nota es buena pero no le parece suficiente a I. Al final salimos corriendo porque uno debe ir a trabajar, así es la vida. No hay tiempo para celebrar. No hay vino ni agua, sólo una extraña sensación de haber dado un gran paso al que hay que sacarle el máximo provecho laboral.

San Marcos está distinto, por no decir que es otra casa a la que dejamos hace una década. Aún así heme aquí frente a contenedores de barco como paredes, y una seguridad en las puertas que casi no existe, o sea pasa cualquiera y sale cualquiera con cualquier cosa escondida en la mochila. Aunque el espíritu estudiantil por pasar las horas entre el ‘hueveo’ y las disquisiciones académicas en el patio de Letras es el mismo, eso me reconforta. Cuantas horas de mi vida he pasado en ese patio hablando de todo y mirando la belleza pasar para hacerse inmortal en el recuerdo (disculpen pero el ‘hueveo’ de Letras aún vive en mí).

Como dice el maestro Cerati: “Conocer la otra mitad es poco, comprender que solo estás es más puro…”; así que hoy contaré sólo la mitad de esta historia.

miércoles, 3 de junio de 2009

Chica de 17 años busca pretendiente


- En El Comercio del 20 de enero de 1849 (Nº 2668) hay un aviso, en la sección comunicados bajo el título “¡Quema quema!” en el que “una señorita de 15 a 17 años de edad, buena educación, dote crecida y gracioso palmito, desea establecerse con el primer joven que se presente…” (pág. 127).

- Avisito muy revelador de la afición a divertirse de nuestros bisabuelos, es, sin duda, el que registra El Comercio del 23 de junio de 1848 (Nº 2696). Se trataba de un rancho en la Pampa de Amancaes, donde se servía ‘aves’, asadas, fiambres y toda clase de licores, y se advertía que había “dos salones: uno para las señoritas y gente decente y otro para toda clase de personas…” (pág. 125).

- La importancia de Chorrillos en los tiempos pasados puede deducirse fácilmente de un suelto de crónica del 15 de marzo de 1865 (Nº 8089). El balneario era entonces centro de atracción realmente extraordinario para la época. Basta para apreciarlo que reproduzcamos el comienzo del articulito: “En los hoteles de Chorrillos hay salones públicos destinados al juego de envite…” El suelto termina haciendo un serio llamamiento al intendente Baquero, para que ponga remedio al mal, pues asevera que en esos centros de perdición se ven “viejos, niños, clérigos y frailes…” (pág. 90).

Sólo estos pequeños párrafos para darnos cuenta que las ansias por el dispendio carnal ha estado presente desde siempre. Estas observaciones han sido tomadas del libro: Nuestra pequeña historia, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1966, del poeta peruano José Gálvez Barrenechea (1885 – 1957), y que cuenta con el prólogo de Luis Alberto Sánchez.

Podemos ver que los avisitos ‘rucos’ del Trome pueden tener alguna relación histórica con el rancho de la Pampa de Amancaes, por mientras son diarios del mismo grupo. Para la niña del ‘gracioso palmito’ ese aviso venía a ser su hi5 o facebook de la época, pues resalta sus mejores atributos para tener éxito en su búsqueda de aquella persona (en este caso el primero que se presente). Y que decir del Chorrillos del siglo XIX, de seguro estaba por allí entre esos casinos de los hoteles chorrillanos algún precursor del padre Alberto Cutie.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Dateo para recoger un premio sorpresa


Cada vez que se estrena un filme nacional uno espera ver algo que nos despierte emoción, y lo último que debiéramos hacer es sacar el hacha gratuitamente y despedazar lo que estamos viendo. No somos Terminator pero tampoco hay que ser unos ‘pinches’ franeleros. Aunque uno imagina que siempre el cine nacional debería traer cosas interesantes no siempre es así, pero tampoco es que la cinematografía peruana esté llena de bodrios, tenemos nuestras cositas ricas creo.

El 30 de abril se estrenó en Lima el reciente filme del director Alberto ‘Chicho’ Durand, “El premio’. El cual viene precedido de un galardón obtenido en Francia, nada menos ser elegida como la mejor película en el Festival de Cine Peruano de París – Francia 2009.

En “El premio” la historia está contada de tal manera que hasta el más ‘taba’ pueda entenderla. A veces no sabemos si eso es para el filme un mérito excelso, o en cierta forma una manera de pasar al olvido rápidamente. El guión ha cumplido con su oficio, no es intrincado y narra con sencillez una historia que nos puede pasar a cualquiera; tampoco es que el guión sea lo máximo aquí pero es aceptable.

Digo esto porque uno espera del cine cierto grado de exigencia al espectador, acaso un reto a nuestro gran o incipiente bagaje cinemero que hemos formado en el camino, o hemos hecho a trancas y barrancas en un curso acelerado por allí, si es que eso se puede hacer.

Lo mejor de la película es la interpretación de Emmanuel Soriano en el papel del hijo ‘antipródigo’, y la grata presencia de de Mayella Lloclla como la hermana de éste. Hay que resaltar también las tensiones dramáticas entre el hijo (Alex) y el padre (interpretado por José Luis Ruiz), aunque por momentos esta tirantez pasa por lo melodramático, tal vez allí se pudo dar un énfasis más oscuro (claro para los que les gusta lo trágico como yo).

Hay que resaltar también la situación generada por los roces entre dos primos infieles que a la vez son engañados, una por un marido ‘choro monse’ y tartamudo y el otro por el destino; aunque al final del filme parece haber reconciliación entre éste y su pasado, ya eso depende de lo que quiera entender cada uno. Cabe hablar también del uso preciso de espacios urbanos así como de los rurales.

También es rescatable la concepción de algunos personajes, que por momentos raya en un vodevil de situaciones que han arrancado al público unas carcajadas, eso hay que reconocerlo al director. No es fácil hacer reír a la gente, aunque depende mucho al público que te enfrentes.

Aquí no se trata de pasarle la mano a todo lo que lleve la etiqueta de cine nacional, pero hay pequeñas cosas que pueden mejorarse. Para empezar tratar mejor la interpretación Magdiel Ugaz, que cae en lo disforzado; así como algunas escenas como el concierto ¿cumbianbero, chichero, tex mex andino o no sé qué?, donde se hace referencia al tema de ‘lo bamba’. Dificulto que se asemeje a una fiesta de los trabajadores de Polvos Azules, si es que esa era la intención.

Pero no todo puede ser perfecto. Aunque si fuera jodido diría que por momentos se ha tratado al filme como una carrera de obstáculos donde uno va moviendo las vallas contra si mismo. Técnicamente el filme es correcto, aunque por allí se pudo evitar algunas cosas innecesarias (pero quien soy yo para evaluar eso), como el uso efecto de un gran angular en algún momento, y la escena erótica de Norka Ramírez. ¿Había que ponerle su cosita sabrosona para saciar al vulgo?

Algunas historias han quedado en suspenso, tal vez el director planee una secuela, ¿por qué no, si se trata de hacer otra película en el país? Por mientras Alberto Durand ha dicho en una entrevista en Canal N que se viene una segunda parte. Ojalá esta se concrete pronto. De todas maneras vayamos a los cines para verla.

Por último he sentido que por momentos pendía en una línea entre el ‘todo ok pase’ y el desgano; tal vez sea eso que nos acoquina a veces al comentar por escrito sobre un filme nacional, aunque luego seamos crudos con nuestros comentarios verbales entre amigos (que por buenaventura o mala suerte mía no hay ninguno que sea crítico de cine de esos pontificados), aficionados pobres pero honrados.

martes, 28 de abril de 2009

La République des Meteors


Para los que gusten del grupo francés Indochina, que en el Perú son muchos, aunque no sé cuántos con precisión; pero en fin. Luego de algunos años Indochina lanzó en marzo su reciente disco "La République des Meteors", un disco con el sonido característico que el grupo ha consolidado en tantos años, y que tantos adeptos le ha producido. El primer sencillo del disco es el pegadizo tema "Little Dolls", aunque mi preferido es el "Le dernier jour".

Para los que gusten tener este disco (la edición francesa) sólo deben
clickear en la siguiente dirección.

http://rs687.rapidshare.com/files/206732268/Indo-Meteors.rar

Espero les guste, y ojalá los escuchemos en vivo otra vez en Perú.